WWF

60 años en acción por las personas y la naturaleza

Como parte de nuestras celebraciones del 60 aniversario, descubre algunos de nuestros éxitos más recientes, los grandes desafíos que aún deben superarse y cómo, juntos, podemos cambiar esto.

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Con tu apoyo

Y el de las comunidades y gobiernos, ayudamos a establecer el parque nacional de selva tropical más grande del mundo, que cubre 4.3 millones de hectáreas de la Amazonia colombiana.

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Alrededor del mundo, seguimos perdiendo 10 millones de hectáreas de bosque cada año.

¡Juntos podemos hacer un cambio!

En el corazón de la Amazonia colombiana, el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete es una de las áreas de selva tropical más prístinas del mundo.



© Luis Barreto/ WWF

Es hogar de cerca de 3.000 especies de animales y plantas, algunas de ellas vulnerables, como los tapires de tierras bajas, nutrias gigantes, osos hormigueros gigantes, monos lanudos, delfines de río y jaguares. Su ubicación única —allí el Amazonas se encuentra con las ecorregiones vecinas de los Andes, el Orinoco, y el Escudo Guayanés— explica su enorme diversidad.

Chiribiquete también es de vital importancia para muchas comunidades indígenas locales, algunas de las cuales no han sido contactadas o viven aisladas voluntariamente. Los tesoros arqueológicos del parque incluyen arte rupestre antiguo, tales como 50 murales conformados por cerca de 70.000 pinturas, algunas de más de 20.000 años de antigüedad. Estos se pueden encontrar a lo largo de los muchos tepuyes de la región, formaciones rocosas de tipo meseta que se elevan fuera del denso bosque. El aislamiento de estas imponentes torres determina que muchas de las plantas y animales que los habitan no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

En 2018, después de años de campaña de WWF y otros, el gobierno colombiano aumentó el tamaño del parque nacional en más de la mitad. Con 4.3 millones de hectáreas, el tamaño de Dinamarca, ahora es la mayor área de selva protegida del mundo. Chiribiquete también ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad, con el objetivo de apoyar la salvaguarda de sus riquezas naturales y culturales para las generaciones futuras.

Ahora estamos trabajando con las comunidades, el gobierno y otros socios para asegurarnos de que el parque nacional sea bien cuidado. Además, continuamos con nuestra labor conjunta para crear una red de áreas protegidas bien administradas y financiadas en todo el país.

Aún tenemos retos que enfrentar



© Luis Barreto/ WWF

Cada año se destruye un área de bosque de más del doble del tamaño del Parque Nacional Chiribiquete. Y aunque muchos gobiernos, empresas y otros se han comprometido a poner fin a la deforestación, diez millones de hectáreas de bosques se siguen perdiendo anualmente, el equivalente a un campo de futbol cada segundo.

El sector agropecuario es uno de los principales causantes de la destrucción de los hábitats forestales, especialmente, la producción de carne vacuna, aceite de palma y soja. Otras actividades como la minería, la tala mal gestionada y la construcción de carretas también tienen graves consecuencias.

La deforestación amenaza la supervivencia de innumerables especies y de millones de personas que viven en los bosques y sus alrededores. También tiene consecuencias globales como la intensificación del cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias como el Covid-19, debido al mayor contacto humano con la vida silvestre y las enfermedades que portan.

Los gobiernos, las comunidades, empresas y muchos otros actores, incluido WWF, tienen un papel que desempeñar para cambiar las cosas. Tenemos que ayudar a la gente a comprender mejor los muchos servicios vitales que nos brindan los bosques sin importar donde vivimos, desde agua limpia hasta suelos saludables. Debemos detener la deforestación, proteger mejor y gestionar de manera sostenible los bosques que quedan y restaurar los paisajes forestales.


¡Juntos podemos hacer un cambio!

En el corazón de la Amazonia colombiana, el Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete es una de las áreas de selva tropical más prístinas del mundo.



© Luis Barreto/ WWF

Es hogar de cerca de 3.000 especies de animales y plantas, algunas de ellas vulnerables, como los tapires de tierras bajas, nutrias gigantes, osos hormigueros gigantes, monos lanudos, delfines de río y jaguares. Su ubicación única —allí el Amazonas se encuentra con las ecorregiones vecinas de los Andes, el Orinoco, y el Escudo Guayanés— explica su enorme diversidad.

Chiribiquete también es de vital importancia para muchas comunidades indígenas locales, algunas de las cuales no han sido contactadas o viven aisladas voluntariamente. Los tesoros arqueológicos del parque incluyen arte rupestre antiguo, tales como 50 murales conformados por cerca de 70.000 pinturas, algunas de más de 20.000 años de antigüedad. Estos se pueden encontrar a lo largo de los muchos tepuyes de la región, formaciones rocosas de tipo meseta que se elevan fuera del denso bosque. El aislamiento de estas imponentes torres determina que muchas de las plantas y animales que los habitan no se encuentran en ningún otro lugar de la Tierra.

En 2018, después de años de campaña de WWF y otros, el gobierno colombiano aumentó el tamaño del parque nacional en más de la mitad. Con 4.3 millones de hectáreas, el tamaño de Dinamarca, ahora es la mayor área de selva protegida del mundo. Chiribiquete también ha sido reconocido como Patrimonio de la Humanidad, con el objetivo de apoyar la salvaguarda de sus riquezas naturales y culturales para las generaciones futuras.

Ahora estamos trabajando con las comunidades, el gobierno y otros socios para asegurarnos de que el parque nacional sea bien cuidado. Además, continuamos con nuestra labor conjunta para crear una red de áreas protegidas bien administradas y financiadas en todo el país.

Aún tenemos retos que enfrentar



© Luis Barreto/ WWF

Cada año se destruye un área de bosque de más del doble del tamaño del Parque Nacional Chiribiquete. Y aunque muchos gobiernos, empresas y otros se han comprometido a poner fin a la deforestación, diez millones de hectáreas de bosques se siguen perdiendo anualmente, el equivalente a un campo de futbol cada segundo.

El sector agropecuario es uno de los principales causantes de la destrucción de los hábitats forestales, especialmente, la producción de carne vacuna, aceite de palma y soja. Otras actividades como la minería, la tala mal gestionada y la construcción de carretas también tienen graves consecuencias.

La deforestación amenaza la supervivencia de innumerables especies y de millones de personas que viven en los bosques y sus alrededores. También tiene consecuencias globales como la intensificación del cambio climático y el aumento del riesgo de pandemias como el Covid-19, debido al mayor contacto humano con la vida silvestre y las enfermedades que portan.

Los gobiernos, las comunidades, empresas y muchos otros actores, incluido WWF, tienen un papel que desempeñar para cambiar las cosas. Tenemos que ayudar a la gente a comprender mejor los muchos servicios vitales que nos brindan los bosques sin importar donde vivimos, desde agua limpia hasta suelos saludables. Debemos detener la deforestación, proteger mejor y gestionar de manera sostenible los bosques que quedan y restaurar los paisajes forestales.


¡Juntos podemos hacer un cambio!

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Tu donación impulsa el cambio que necesitamos para preservar nuestro futuro.

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Con tu apoyo

Estamos trabajando junto a más de 30 importantes ciudades de todo el mundo para evitar que el plástico termine en la naturaleza.

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Muchas áreas urbanas, responsables de aproximadamente el 60% de toda la contaminación plástica en los océanos, aún no han tomado medidas.

¡Juntos podemos cambiarlo!

Nuestro océano contiene aproximadamente 300 millones de toneladas de plástico. Mata la vida marina, sofoca nuestras playas e incluso se introduce en los alimentos que comemos.

© Naturepl.com / Alex Mustard / WWF

Pero el mundo finalmente se está dando cuenta de este enorme problema.

Hasta ahora, más de 30 ciudades, desde Tailandia hasta Túnez, se han comprometido a tomar medidas para detener la contaminación plástica, y nuestro objetivo es lograr que 1.000 ciudades inteligentes en el manejo del plástico se unan al movimiento hasta 2030. Esto es de vital importancia, ya que aproximadamente el 60 % del plástico en el océano proviene de áreas urbanas.

El creciente movimiento mundial por el cambio también está generando avances de otras formas. Más de 65 gobiernos han comprometido su apoyo a un tratado global para prevenir la contaminación plástica, después de que más de 2 millones de personas en todo el mundo firmaron nuestra petición.


© WWF Colombia 

Ahora que los consumidores están pidiendo acciones, las empresas también se están sumando. Más de 500 organizaciones, incluidas las empresas responsables de más del 20 % de todos los envases de plástico, han firmado el Compromiso Global de la Nueva Economía del Plástico, respaldado por WWF, para eliminar los residuos plásticos. Y a través de nuestra iniciativa ReSource: Plastic Initiative, los estamos ayudando a convertir la ambición en acción.
 

El desafío que aún enfrentamos ...


A pesar de estas señales alentadoras, la cantidad equivalente a un camión lleno de plásticos sigue siendo arrojada al océano cada minuto. A finales de la década, es probable que produzcamos un 40 % más de plástico que en la actualidad. Y sin una acción urgente, podría haber más plástico que peces en el océano para el 2050.

Uno de los problemas más urgentes en este momento es la necesidad de abordar la amenaza de los artes de pesca plásticos que han sido perdidos o desechados. Las llamadas "redes fantasma" son el tipo de desecho plástico más mortal, dado que atrapa y enreda a mamíferos marinos, tortugas, aves marinas y tiburones, así como a importantes poblaciones de peces.

Otros problemas ambientales críticos también están relacionados con nuestro uso de plástico: desde la forma en que la producción de plástico representa actualmente alrededor del 6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hasta la contaminación del aire causada por la quema de desechos plásticos.

Estos son problemas desafiantes, pero confiamos en que las acciones coordinadas de empresas, ciudades y gobiernos, junto con cientos de millones de personas que realizan cambios en sus propios estilos de vida, pueden conducir a que no haya plástico en la naturaleza para 2030.

Juntos podemos cambiar esto.

Nuestro océano contiene aproximadamente 300 millones de toneladas de plástico. Mata la vida marina, sofoca nuestras playas e incluso se introduce en los alimentos que comemos.

© Naturepl.com / Alex Mustard / WWF

Pero el mundo finalmente se está dando cuenta de este enorme problema.

Hasta ahora, más de 30 ciudades, desde Tailandia hasta Túnez, se han comprometido a tomar medidas para detener la contaminación plástica, y nuestro objetivo es lograr que 1.000 ciudades inteligentes en el manejo del plástico se unan al movimiento hasta 2030. Esto es de vital importancia, ya que aproximadamente el 60 % del plástico en el océano proviene de áreas urbanas.

El creciente movimiento mundial por el cambio también está generando avances de otras formas. Más de 65 gobiernos han comprometido su apoyo a un tratado global para prevenir la contaminación plástica, después de que más de 2 millones de personas en todo el mundo firmaron nuestra petición.


© WWF Colombia 

Ahora que los consumidores están pidiendo acciones, las empresas también se están sumando. Más de 500 organizaciones, incluidas las empresas responsables de más del 20 % de todos los envases de plástico, han firmado el Compromiso Global de la Nueva Economía del Plástico, respaldado por WWF, para eliminar los residuos plásticos. Y a través de nuestra iniciativa ReSource: Plastic Initiative, los estamos ayudando a convertir la ambición en acción.
 

El desafío que aún enfrentamos ...


A pesar de estas señales alentadoras, la cantidad equivalente a un camión lleno de plásticos sigue siendo arrojada al océano cada minuto. A finales de la década, es probable que produzcamos un 40 % más de plástico que en la actualidad. Y sin una acción urgente, podría haber más plástico que peces en el océano para el 2050.

Uno de los problemas más urgentes en este momento es la necesidad de abordar la amenaza de los artes de pesca plásticos que han sido perdidos o desechados. Las llamadas "redes fantasma" son el tipo de desecho plástico más mortal, dado que atrapa y enreda a mamíferos marinos, tortugas, aves marinas y tiburones, así como a importantes poblaciones de peces.

Otros problemas ambientales críticos también están relacionados con nuestro uso de plástico: desde la forma en que la producción de plástico representa actualmente alrededor del 6 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, hasta la contaminación del aire causada por la quema de desechos plásticos.

Estos son problemas desafiantes, pero confiamos en que las acciones coordinadas de empresas, ciudades y gobiernos, junto con cientos de millones de personas que realizan cambios en sus propios estilos de vida, pueden conducir a que no haya plástico en la naturaleza para 2030.

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ayudamos a asegurar el flujo de agua en 295 cuencas en México, salvaguardando las reservas de agua para la naturaleza y beneficiando a 45 millones de personas.

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En todo el mundo, los ríos se siguen drenando, represando y desviando.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

Como en muchos países, en México la escasez de agua es una verdadera amenaza. A medida que las poblaciones humanas crecen, y el cambio climático altera los patrones de lluvia y aumenta las sequías, el estrés hídrico es cada vez mayor.



Entre 2014 y 2018 y con el apoyo de WWF, el país dio un paso revolucionario en la gestión integral de los recursos hídricos. Se firmaron trece decretos presidenciales de “reservas de agua” en 295 cuencas en todo el país.

Esto significa que una proporción del volumen de agua que fluye por estas cuencas, se reserva para la naturaleza, así como para proporcionar agua para consumo humano y otras necesidades esenciales de la población local. En total, las reservas representan el 55% del agua superficial que se genera en México y pretenden garantizar la fuente de agua dulce para 45 millones de personas durante el próximo medio siglo.

WWF desempeñó un papel clave en determinar científicamente cuánta agua necesita fluir a través de cada cuenca para mantener a la naturaleza y satisfacer las necesidades de la población. Esto permitirá que el agua se administre de manera inteligente y justa, ahora y en el futuro.

Las reservas de agua también ayudarán a salvaguardar los ríos libres que quedan en México, como el Usumacinta, el río más caudaloso y con mayor biodiversidad de Centroamérica. Con la reserva de agua ahora se protege el 94% del agua superficial del Usumacinta, nutriendo a las comunidades, los bosques y la vida silvestre, como el maravilloso jaguar.
 

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS

© Michel Gunther WWF

Los ríos proporcionan agua potable a 2 mil millones de personas en todo el mundo y son vitales para la alimentación y el sustento de cientos de millones porque proporcionan agua para riego, mantienen la pesca de agua dulce y transportan nutrientes a algunas de las regiones agrícolas más importantes del mundo, así como sedimentos para mantener los deltas densamente poblados por encima del nivel del mar.

Pero nuestros ríos están en peligro. Las presas hidroeléctricas interrumpen su régimen de escurrimiento natural y bloquean el movimiento de especies migratorias. La agricultura, la industria y las ciudades consumen más agua de la que los ríos pueden abastecer y contaminan lo que queda. Solo un tercio de los ríos de más de 1,000 km de longitud sigue fluyendo libremente, y algunos se secan incluso antes de llegar al mar por el exceso de usos o por la infraestructura existente.

Por lo tanto, no sorprende que se hayan reducido las poblaciones de mamíferos de agua dulce, aves, reptiles, peces y anfibios en un 84% desde 1970.

Es urgente que muchas más personas de todo el mundo reconozcan el verdadero valor de los ríos y las amenazas que enfrentan. Necesitamos su apoyo para los esfuerzos en curso junto con los gobiernos los agricultores, las empresas, las comunidades y los científicos. Estamos trabajando para mejorar la forma en cómo gestionar los ríos y otros ecosistemas de agua dulce.

Estamos desafiando desarrollos destructivos como presas hidroeléctricas mal diseñadas y demostrando alternativas sostenibles. También estamos ayudando a que los ríos recuperen la salud mediante la modificación o eliminación de presas y otras estructuras artificiales, la restauración de humedales y llanuras aluviales y la protección de especies amenazadas como los delfines de río y el esturión.

Juntos podemos cambiarlo.

Como en muchos países, en México la escasez de agua es una verdadera amenaza. A medida que las poblaciones humanas crecen, y el cambio climático altera los patrones de lluvia y aumenta las sequías, el estrés hídrico es cada vez mayor.



Entre 2014 y 2018 y con el apoyo de WWF, el país dio un paso revolucionario en la gestión integral de los recursos hídricos. Se firmaron trece decretos presidenciales de “reservas de agua” en 295 cuencas en todo el país.

Esto significa que una proporción del volumen de agua que fluye por estas cuencas, se reserva para la naturaleza, así como para proporcionar agua para consumo humano y otras necesidades esenciales de la población local. En total, las reservas representan el 55% del agua superficial que se genera en México y pretenden garantizar la fuente de agua dulce para 45 millones de personas durante el próximo medio siglo.

WWF desempeñó un papel clave en determinar científicamente cuánta agua necesita fluir a través de cada cuenca para mantener a la naturaleza y satisfacer las necesidades de la población. Esto permitirá que el agua se administre de manera inteligente y justa, ahora y en el futuro.

Las reservas de agua también ayudarán a salvaguardar los ríos libres que quedan en México, como el Usumacinta, el río más caudaloso y con mayor biodiversidad de Centroamérica. Con la reserva de agua ahora se protege el 94% del agua superficial del Usumacinta, nutriendo a las comunidades, los bosques y la vida silvestre, como el maravilloso jaguar.
 

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© Michel Gunther WWF

Los ríos proporcionan agua potable a 2 mil millones de personas en todo el mundo y son vitales para la alimentación y el sustento de cientos de millones porque proporcionan agua para riego, mantienen la pesca de agua dulce y transportan nutrientes a algunas de las regiones agrícolas más importantes del mundo, así como sedimentos para mantener los deltas densamente poblados por encima del nivel del mar.

Pero nuestros ríos están en peligro. Las presas hidroeléctricas interrumpen su régimen de escurrimiento natural y bloquean el movimiento de especies migratorias. La agricultura, la industria y las ciudades consumen más agua de la que los ríos pueden abastecer y contaminan lo que queda. Solo un tercio de los ríos de más de 1,000 km de longitud sigue fluyendo libremente, y algunos se secan incluso antes de llegar al mar por el exceso de usos o por la infraestructura existente.

Por lo tanto, no sorprende que se hayan reducido las poblaciones de mamíferos de agua dulce, aves, reptiles, peces y anfibios en un 84% desde 1970.

Es urgente que muchas más personas de todo el mundo reconozcan el verdadero valor de los ríos y las amenazas que enfrentan. Necesitamos su apoyo para los esfuerzos en curso junto con los gobiernos los agricultores, las empresas, las comunidades y los científicos. Estamos trabajando para mejorar la forma en cómo gestionar los ríos y otros ecosistemas de agua dulce.

Estamos desafiando desarrollos destructivos como presas hidroeléctricas mal diseñadas y demostrando alternativas sostenibles. También estamos ayudando a que los ríos recuperen la salud mediante la modificación o eliminación de presas y otras estructuras artificiales, la restauración de humedales y llanuras aluviales y la protección de especies amenazadas como los delfines de río y el esturión.

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China, Singapur y otros gobiernos han prohibido el comercio de marfil.

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Todavía se comercia ilegalmente con una gran variedad de vida silvestre, por un valor de unos 23.000 millones de dólares al año.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

En las últimas décadas, hemos avanzado mucho para poner fin a la matanza de cerca de 20.000 elefantes para el comercio de marfil todos los años. Sin embargo, queda mucho por hacer si queremos impedir la extinción de estas magníficas criaturas.



Gracias a las iniciativas de WWF y muchas otras organizaciones, el comercio internacional de marfil quedó prohibido ya en 1989. Con todo, muchos países siguieron vendiendo este material dentro de su territorio nacional. Y, mientras haya demanda de marfil, habrá delincuentes sin escrúpulos que la satisfagan.



En los momentos de recrudecimiento de la caza furtiva en África, redoblamos nuestros esfuerzos para dar a conocer las dimensiones del problema. Así, a finales de 2016, logramos un hito decisivo al conseguir que China, el principal mercado del marfil del mundo, anunciase que prohibiría la venta nacional de este material en el plazo de un año.

Prevemos que Hong Kong y Singapur, otros dos grandes consumidores de marfil en la región, impondrán prohibiciones en 2021. Igualmente, otros países como el Reino Unido y Estados Unidos han promulgado prohibiciones al marfil, entre las cuales se incluyen restricciones en lo referente a las antigüedades (que se usan para «blanquear» el marfil de elefantes cazados furtivamente hace poco).

Aunque aún queda mucho por hacer para lograr el cierre de otros grandes mercados del marfil, sobre todo en el sudeste asiático, estas prohibiciones han enviado un mensaje claro: comprar marfil es inaceptable.

EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS


Pese a que en los últimos informes disponibles se evidencia una caída de la caza furtiva de los elefantes africanos, estos animales no están fueran de peligro. Tampoco son, de lejos, la única especie amenazada por el tráfico ilegal de vida silvestre. El furtivismo de rinocerontes ha llegado a cotas espantosas alimentado por la demanda de sus cuernos. A los tigres y a los leopardos se los mata por su piel y otras partes de su cuerpo. Todos los años, se trafican cientos de miles de pangolines por sus escamas y su carne. La tala ilegal destruye los bosques. Más de 7000 especies en más de 120 países corren peligro a causa del comercio ilegal de vida silvestre.

Los delitos contra la flora y la fauna silvestres constituyen un negocio lucrativo que mueve hasta 23 trillones de dólares al año y que está en manos de redes de delincuencia organizada. Por fin, los Estados están tomando conciencia de la gravedad de la amenaza y, en años recientes, han presentado gran cantidad de resoluciones, iniciativas y compromisos nacionales e internacionales, en muchos de los cuales hemos participado activamente.

Aun así, sigue siendo necesario adoptar más medidas urgentes para hacer frente al comercio ilegal de vida silvestre. Debemos intensificar los esfuerzos para convencer a los consumidores de que rechacen los productos derivados de la flora o la fauna silvestres, prestar más apoyo a las comunidades que conviven con las especies en peligro y afinar las iniciativas para llevar las redes criminales internacionales ante la justicia. Juntos podemos cambiarlo.

En las últimas décadas, hemos avanzado mucho para poner fin a la matanza de cerca de 20.000 elefantes para el comercio de marfil todos los años. Sin embargo, queda mucho por hacer si queremos impedir la extinción de estas magníficas criaturas.



Gracias a las iniciativas de WWF y muchas otras organizaciones, el comercio internacional de marfil quedó prohibido ya en 1989. Con todo, muchos países siguieron vendiendo este material dentro de su territorio nacional. Y, mientras haya demanda de marfil, habrá delincuentes sin escrúpulos que la satisfagan.



En los momentos de recrudecimiento de la caza furtiva en África, redoblamos nuestros esfuerzos para dar a conocer las dimensiones del problema. Así, a finales de 2016, logramos un hito decisivo al conseguir que China, el principal mercado del marfil del mundo, anunciase que prohibiría la venta nacional de este material en el plazo de un año.

Prevemos que Hong Kong y Singapur, otros dos grandes consumidores de marfil en la región, impondrán prohibiciones en 2021. Igualmente, otros países como el Reino Unido y Estados Unidos han promulgado prohibiciones al marfil, entre las cuales se incluyen restricciones en lo referente a las antigüedades (que se usan para «blanquear» el marfil de elefantes cazados furtivamente hace poco).

Aunque aún queda mucho por hacer para lograr el cierre de otros grandes mercados del marfil, sobre todo en el sudeste asiático, estas prohibiciones han enviado un mensaje claro: comprar marfil es inaceptable.

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Pese a que en los últimos informes disponibles se evidencia una caída de la caza furtiva de los elefantes africanos, estos animales no están fueran de peligro. Tampoco son, de lejos, la única especie amenazada por el tráfico ilegal de vida silvestre. El furtivismo de rinocerontes ha llegado a cotas espantosas alimentado por la demanda de sus cuernos. A los tigres y a los leopardos se los mata por su piel y otras partes de su cuerpo. Todos los años, se trafican cientos de miles de pangolines por sus escamas y su carne. La tala ilegal destruye los bosques. Más de 7000 especies en más de 120 países corren peligro a causa del comercio ilegal de vida silvestre.

Los delitos contra la flora y la fauna silvestres constituyen un negocio lucrativo que mueve hasta 23 trillones de dólares al año y que está en manos de redes de delincuencia organizada. Por fin, los Estados están tomando conciencia de la gravedad de la amenaza y, en años recientes, han presentado gran cantidad de resoluciones, iniciativas y compromisos nacionales e internacionales, en muchos de los cuales hemos participado activamente.

Aun así, sigue siendo necesario adoptar más medidas urgentes para hacer frente al comercio ilegal de vida silvestre. Debemos intensificar los esfuerzos para convencer a los consumidores de que rechacen los productos derivados de la flora o la fauna silvestres, prestar más apoyo a las comunidades que conviven con las especies en peligro y afinar las iniciativas para llevar las redes criminales internacionales ante la justicia. Juntos podemos cambiarlo.

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Al adoptar simbólicamente un elefante, le das un gran impulso a nuestro trabajo.

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WWF está probando un sistema innovador de trazabilidad, utilizando tecnología de blockchain en el Océano Pacífico para ayudar a garantizar que el pescado que comemos sea sostenible.

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Un tercio de las poblaciones de peces oceánicos del mundo ya están sobreexplotadas.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO.

Imagina que al comprar una lata de atún, pudieras escanear un código QR y obtener información instantánea que te diga exactamente dónde, cuándo y cómo se capturó el pescado que está dentro. Podrías estar seguro de que proviene de una fuente sostenible, sin causar daños a otras especies marinas, que no se han producido abusos contra los derechos humanos, ni trabajos esclavizantes a lo largo de la cadena de suministro.

Ese escenario está cerca de convertirse en realidad, gracias a un nuevo proyecto que hemos estado probando en el Océano Pacífico con nuestros socios tecnológicos ConsenSys y TraSeable, y la empresa de procesamiento y pesca de atún Sea Quest Fiji. Esta trazabilidad y transparencia podrían ayudar a erradicar la pesca ilegal e insostenible, mejorando las condiciones laborales en la industria del atún.



El proyecto utiliza tecnología blockchain para rastrear el pescado desde el barco que lo captura, pasando por la planta de procesamiento y, hasta, el distribuidor. Blockchain es la tecnología detrás de las monedas digitales como Bitcoin. A diferencia de los registros en papel, esta no se puede cambiar ni alterar, y la información es accesible para cualquier persona.

El siguiente paso será trabajar con los retailers para completar la cadena del “anzuelo al plato”. Y existe una gran oportunidad de utilizar la tecnología con otras pesquerías responsables.


EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS






Aunque algunas empresas como Sea Quest Fiji han realizado grandes esfuerzos para mejorar su sostenibilidad, alrededor de un tercio de las poblaciones de atún del mundo están sobreexplotadas. Ocurre lo mismo con otras especies de mariscos: según los datos más recientes, el 34% de todas las poblaciones de peces del mundo se han explotado más allá de los límites sostenibles, una proporción que se ha más que triplicado en el último medio siglo y sigue aumentando constantemente.

La disminución de las poblaciones de peces es una mala noticia para todo el ecosistema oceánico y para los cientos de millones de personas que dependen de la pesca para obtener alimentos e ingresos. Sin embargo, una mejor gestión ayudará a que las poblaciones de peces puedan recuperarse y seguir proporcionando alimentos, así como, los medios de vida necesarios para las generaciones venideras.

En el Perú, según estimaciones de la FAO, sólo en el 2015 se perdieron 360 millones de dólares por la pesca ilegal. Como respuesta, WWF en alianza con sus socios tecnológicos ha rastreado la ruta de un producto desde que se extrae hasta el consumidor final, con el objetivo de articular y brindar soporte al sector público y privado. Casi 2 años después de iniciar este proyecto, se han registrado 4,000 viajes de pesca y más de 40 mil toneladas de producción, adicional al trabajo de promoción de buenas prácticas en esta actividad sobre la manipulación y liberación de megafauna.

Alrededor del mundo, abordamos el problema desde varios ángulos. Desde el Mediterráneo hasta Mozambique, apoyamos a las comunidades costeras para que pesquen de forma sostenible y, a conservar y restaurar los hábitats marinos. Estamos trabajando con los gobiernos para aumentar la protección del océano, fortalecer la gestión pesquera, reformar los subsidios que fomentan la sobrepesca y tomar medidas drásticas contra la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada. Como siempre, estamos alentando a las empresas a que conozcan sus cadenas de suministro y solo compren mariscos de fuentes sostenibles.

Juntos, podemos cambiarlo.

Imagina que al comprar una lata de atún, pudieras escanear un código QR y obtener información instantánea que te diga exactamente dónde, cuándo y cómo se capturó el pescado que está dentro. Podrías estar seguro de que proviene de una fuente sostenible, sin causar daños a otras especies marinas, que no se han producido abusos contra los derechos humanos, ni trabajos esclavizantes a lo largo de la cadena de suministro.

Ese escenario está cerca de convertirse en realidad, gracias a un nuevo proyecto que hemos estado probando en el Océano Pacífico con nuestros socios tecnológicos ConsenSys y TraSeable, y la empresa de procesamiento y pesca de atún Sea Quest Fiji. Esta trazabilidad y transparencia podrían ayudar a erradicar la pesca ilegal e insostenible, mejorando las condiciones laborales en la industria del atún.



El proyecto utiliza tecnología blockchain para rastrear el pescado desde el barco que lo captura, pasando por la planta de procesamiento y, hasta, el distribuidor. Blockchain es la tecnología detrás de las monedas digitales como Bitcoin. A diferencia de los registros en papel, esta no se puede cambiar ni alterar, y la información es accesible para cualquier persona.

El siguiente paso será trabajar con los retailers para completar la cadena del “anzuelo al plato”. Y existe una gran oportunidad de utilizar la tecnología con otras pesquerías responsables.


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Aunque algunas empresas como Sea Quest Fiji han realizado grandes esfuerzos para mejorar su sostenibilidad, alrededor de un tercio de las poblaciones de atún del mundo están sobreexplotadas. Ocurre lo mismo con otras especies de mariscos: según los datos más recientes, el 34% de todas las poblaciones de peces del mundo se han explotado más allá de los límites sostenibles, una proporción que se ha más que triplicado en el último medio siglo y sigue aumentando constantemente.

La disminución de las poblaciones de peces es una mala noticia para todo el ecosistema oceánico y para los cientos de millones de personas que dependen de la pesca para obtener alimentos e ingresos. Sin embargo, una mejor gestión ayudará a que las poblaciones de peces puedan recuperarse y seguir proporcionando alimentos, así como, los medios de vida necesarios para las generaciones venideras.

En el Perú, según estimaciones de la FAO, sólo en el 2015 se perdieron 360 millones de dólares por la pesca ilegal. Como respuesta, WWF en alianza con sus socios tecnológicos ha rastreado la ruta de un producto desde que se extrae hasta el consumidor final, con el objetivo de articular y brindar soporte al sector público y privado. Casi 2 años después de iniciar este proyecto, se han registrado 4,000 viajes de pesca y más de 40 mil toneladas de producción, adicional al trabajo de promoción de buenas prácticas en esta actividad sobre la manipulación y liberación de megafauna.

Alrededor del mundo, abordamos el problema desde varios ángulos. Desde el Mediterráneo hasta Mozambique, apoyamos a las comunidades costeras para que pesquen de forma sostenible y, a conservar y restaurar los hábitats marinos. Estamos trabajando con los gobiernos para aumentar la protección del océano, fortalecer la gestión pesquera, reformar los subsidios que fomentan la sobrepesca y tomar medidas drásticas contra la pesca ilegal, no reglamentada y no declarada. Como siempre, estamos alentando a las empresas a que conozcan sus cadenas de suministro y solo compren mariscos de fuentes sostenibles.

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Y el de las comunidades y gobiernos, hemos protegido más de 100 millones de hectáreas de humedales alrededor del mundo.

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Los humedales son sistemas de soporte vital para las personas y la vida silvestre, pero se están perdiendo 3 veces más rápido que los bosques.

JUNTOS PODEMOS CAMBIARLO

Desde ríos y arrecifes hasta lagos y lagunas, marismas y manglares, el mundo necesita sus humedales. Ya sea proporcionando agua y protección contra inundaciones para las ciudades, asegurando los alimentos y los medios de vida de las comunidades locales, almacenando carbono o dando la bienvenida a millones de aves migratorias, los humedales son de vital importancia para las personas y la naturaleza.



La protección de los humedales siempre ha sido una parte central de nuestro trabajo. Una de nuestras primeras grandes historias de éxito en la década de 1960 fue obtener protección para las marismas de Doñana en España, uno de los hábitats de humedales más importantes de Europa. Desde entonces, hemos ayudado a proteger alrededor de 110 millones de hectáreas de humedales en todo el mundo, un área aproximadamente el doble del tamaño de España.

Somos un socio activo en la Convención de Ramsar, un tratado internacional para conservar los humedales del mundo que celebra su 50 aniversario en 2021. Más de 2.400 humedales de importancia internacional, conocidos como sitios Ramsar, que cubren más de 250 millones de hectáreas han sido designados bajo la convención, y nuestro apoyo ha jugado un papel en casi la mitad del área total.

Continuamos trabajando con los gobiernos para obtener protección para más humedales y trabajando activamente con socios locales para conservar, restaurar y administrar de manera sostenible los humedales en todo el mundo.


EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS


Muchos sitios Ramsar enfrentan serias amenazas y se necesita mucho más trabajo para asegurar que estén protegidos en la práctica y en el papel. Para el más del 80% de los humedales que no están protegidos, la situación es aún peor.

Se estima que la superficie de humedales del mundo se ha reducido en un 87% en la era moderna. Hemos destruido más de un tercio de nuestros humedales en el último medio siglo y seguimos perdiendo un 1,6% más cada año. Los hemos drenado, los hemos convertido en tierras de cultivo, hemos construido sobre ellos y los hemos drenado y desviado.

En el proceso, hemos perdido los servicios vitales que brindan, y hoy los necesitamos más que nunca. Los humedales juegan un papel importante tanto para limitar los impactos del cambio climático como para ayudarnos a adaptarnos a un clima más cálido e impredecible. También son cruciales para nuestra seguridad alimentaria y para el suministro de agua dulce, en un momento en que la escasez de agua ya afecta a alrededor de la mitad de la población mundial y está aumentando.

A medida que se han perdido los humedales, la biodiversidad de agua dulce ha experimentado descensos catastróficos. Las poblaciones de especies de agua dulce se han reducido en más de un 80% en promedio desde 1970, una caída aún mayor que entre las especies marinas y terrestres.

Con los humedales peligrosamente infravalorados, todavía queda mucho por hacer.

Juntos, podemos cambiarlo.

Desde ríos y arrecifes hasta lagos y lagunas, marismas y manglares, el mundo necesita sus humedales. Ya sea proporcionando agua y protección contra inundaciones para las ciudades, asegurando los alimentos y los medios de vida de las comunidades locales, almacenando carbono o dando la bienvenida a millones de aves migratorias, los humedales son de vital importancia para las personas y la naturaleza.



La protección de los humedales siempre ha sido una parte central de nuestro trabajo. Una de nuestras primeras grandes historias de éxito en la década de 1960 fue obtener protección para las marismas de Doñana en España, uno de los hábitats de humedales más importantes de Europa. Desde entonces, hemos ayudado a proteger alrededor de 110 millones de hectáreas de humedales en todo el mundo, un área aproximadamente el doble del tamaño de España.

Somos un socio activo en la Convención de Ramsar, un tratado internacional para conservar los humedales del mundo que celebra su 50 aniversario en 2021. Más de 2.400 humedales de importancia internacional, conocidos como sitios Ramsar, que cubren más de 250 millones de hectáreas han sido designados bajo la convención, y nuestro apoyo ha jugado un papel en casi la mitad del área total.

Continuamos trabajando con los gobiernos para obtener protección para más humedales y trabajando activamente con socios locales para conservar, restaurar y administrar de manera sostenible los humedales en todo el mundo.


EL DESAFÍO QUE AÚN ENFRENTAMOS


Muchos sitios Ramsar enfrentan serias amenazas y se necesita mucho más trabajo para asegurar que estén protegidos en la práctica y en el papel. Para el más del 80% de los humedales que no están protegidos, la situación es aún peor.

Se estima que la superficie de humedales del mundo se ha reducido en un 87% en la era moderna. Hemos destruido más de un tercio de nuestros humedales en el último medio siglo y seguimos perdiendo un 1,6% más cada año. Los hemos drenado, los hemos convertido en tierras de cultivo, hemos construido sobre ellos y los hemos drenado y desviado.

En el proceso, hemos perdido los servicios vitales que brindan, y hoy los necesitamos más que nunca. Los humedales juegan un papel importante tanto para limitar los impactos del cambio climático como para ayudarnos a adaptarnos a un clima más cálido e impredecible. También son cruciales para nuestra seguridad alimentaria y para el suministro de agua dulce, en un momento en que la escasez de agua ya afecta a alrededor de la mitad de la población mundial y está aumentando.

A medida que se han perdido los humedales, la biodiversidad de agua dulce ha experimentado descensos catastróficos. Las poblaciones de especies de agua dulce se han reducido en más de un 80% en promedio desde 1970, una caída aún mayor que entre las especies marinas y terrestres.

Con los humedales peligrosamente infravalorados, todavía queda mucho por hacer.

Juntos, podemos cambiarlo.

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