Pesca sostenible, una práctica social con bajo impacto ambiental

Posted on 05 julio 2022

La pesca es una de las actividades productivas que mayor impacto tiene sobre los océanos, ríos y lagos. Sin embargo, si se realiza de manera adecuada, sus beneficios ambientales y sociales pueden ser de gran importancia.

Los equipos de pesca abandonados en el mar, más conocidas como “redes fantasmas”, son letales para la vida marina. © Kev Gregory/ WWF

*Nota publicada originalmente en BIBO


Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), para 2018 la producción global de pesca (continental y marina), alcanzó su más alto nivel con 96.4 millones de toneladas, un incremento del 5.4% en comparación a los tres años previos. Esta es una tendencia que parece continuar para los próximos años, pues la pesca es un sector que contribuye significativamente al crecimiento económico, la nutrición y la seguridad alimentaria.

Sin embargo, la sobreexplotación de los mares, ríos y lagunas está dejándolos sin peces, camarones y cangrejos. Debido a esta problemática, diversos países han optado por plantear un modelo de pesca sostenible que permita garantizar la supervivencia de las especies y la actividad pesquera. Así, la pesca sostenible se ha posicionado como un método con beneficios sociales, económicos y ambientales.
 

Ventajas ambientales


Según Saulo Usma, especialista de agua dulce de WWF, la pesca sostenible se diferencia de la llamada “pesca destructiva” por el tipo de métodos que usa y por el impacto ambiental que tiene. En esta última se usan métodos de gran impacto como la pesca por arrastre, donde se realizan capturas indiscriminadas (que no son de la especie objetivo de la pesca) y donde se prioriza la productividad sobre la protección del medio ambiente. Este modo de pesca indiscriminada amenaza la futura reproducción de las especies, ya que se capturan peces que aún no han alcanzado su etapa de maduración sexual.

En contraposición, la pesca sostenible busca el uso de métodos selectivos que rechacen la captura indiscriminada de juveniles (peces de corta edad y pequeños o incluso grandes pero que aún no pueden reproducirse), y de especies amenazadas o sin algún valor comercial que justifique su pesca. Según el Código de Conducta para la Pesca Responsable de la FAO, este tipo de pesca protege la fauna marina y continental al respetar los ecosistemas y adecuarse al ritmo reproductivo de los peces. Así, permite mantener el equilibrio y garantizar la supervivencia de todas las especies.

Te puede interesar: Expertos hablan sobre el corredor azul del Pacífico Oriental y la conservación de ballenas

A su vez, la pesca sostenible reduce la contaminación, dado que genera menos residuos, minimiza el consumo de energía y reduce el uso de productos químicos que dañan la capa de ozono. Pero allí no acaban sus ventajas, pues sus beneficios sociales son fundamentales.
 

Sostenibilidad, más allá de lo ambiental


La pesca sostenible provee ingresos y empleo a más de 60 millones de personas a nivel mundial, en especial a la población rural, cuyos medios de vida se basan en el acceso y la ordenación de los recursos pesqueros y acuícolas. Además de su gran contenido nutricional, ésta sustenta las prácticas sociales, culturales y religiosas de las comunidades costeras, constituyéndose en un factor central del desarrollo económico y de la cohesión social.

En Colombia, a pesar de su poca vocación pesquera frente a otros países de la región como Ecuador, Perú o Chile, la pesca desempeña un rol importante para las comunidades costeras del Mar Caribe y el Océano Pacífico. Allí su participación se ha convertido en una de las formas de garantizar la sostenibilidad de esta práctica, pues los conocimientos que los pescadores tienen sobre los procesos ecológicos y ambientales han permitido plantear soluciones de restauración y sostenibilidad en dichos ecosistemas.

Como señala Saulo Usma, una abundancia del recurso pesquero incrementa una justa remuneración económica de las comunidades de pescadores y de las comunidades dedicadas a la pesca recreativa o deportiva. Por ello el impacto social es un factor fundamental al abordar las prácticas de pesca sostenible, pues la sostenibilidad no debe considerar solamente los factores ecológicos, sino que también debe involucrar elementos de sostenibilidad social, institucional y económicos a la hora de plantear medidas que favorezcan el planeta.

Te recomendamos: Alianza por el atún: ¿una alternativa para la conservación de los recursos pesqueros y la biodiversidad marina?

Así que, junto a las ventajas ambientales que trae consigo la pesca sostenible, es necesario considerar otras variables como los beneficios que ésta trae para las comunidades locales. Según la FAO, este tipo de pesca supone el 66% de todas las capturas destinadas directamente al consumo humano. Además, emplea el 90% de la industria pesquera global y es la base del desarrollo de las pequeñas comunidades de pescadores.

Pero ¿cómo podemos garantizar la utilización sostenible de los recursos pesqueros? Según Usma de WWF Colombia, es necesaria la implementación de procesos de ordenación a través de la formulación de normativas que impidan o desestimulen el uso de artes de pesca nocivas. Esto implica la prohibición de la pesca (vedas) y su comercialización en los períodos reproductivos de las especies o la extracción en sitios específicos donde realicen esta función.

Esto, junto con la determinación y cumplimiento de las tallas mínimas de captura de las especies comerciales, de tal forma que se consuman los especímenes adultos de estas especies y no los jóvenes o las crías. Sin embargo, como consumidores tenemos la responsabilidad de determinar qué tipo de peces consumimos, pues esta decisión ayudará a que una especie se comercialice o no.
La pesca de peces ornamentales es una de las actividades económicas de las comunidades pesqueras del río Orinoco.
© Meridith Kohut / WWF-US
La pesca es la base de la seguridad alimentaria de miles de personas, pues en las regiones pesqueras esta es la principal fuente de proteína animal.
© Meridith Kohut/ WWF US
Dona
Dona