“La conciencia ambiental inspira cambios para nuestro beneficio y el de la naturaleza” | WWF

“La conciencia ambiental inspira cambios para nuestro beneficio y el de la naturaleza”

Posted on
28 agosto 2020
Así lo asegura Alejandro Amézquita, quien es donante de WWF desde 2017. Aquí nos cuenta cómo su conexión profunda con la naturaleza lo llevó a emprender acciones en su vida personal y laboral, por un planeta sano.

Un vínculo inquebrantable con la naturaleza. Eso es lo que Alejandro Amézquita, bogotano de 42 años, asegura que empezó a desarrollar desde su infancia; una época en la que Jairo, su hermano mayor —biólogo marino de profesión—, lo llevaba a sus salidas de campo para mostrarle la riqueza natural de paisajes como el Embalse Del Neusa (Cundinamarca) o el lago de Tota (Boyacá).

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Durante esos días memorables de su niñez, en los que dedicó sus tardes a hojear —casi a escondidas— los libros de biología de Jairo, también tuvo la oportunidad de conocer otros ecosistemas distintos a los de la sabana cundinamarquesa. “Mi hermano se mudó al Valle del Cauca y por muchos años fui a vacacionar allí. Ver otros paisajes, especies y disfrutar del clima caluroso y fresco, me encantó y cambió mi percepción sobre la naturaleza y su inmensidad”.

Aunque las expediciones con su hermano marcaron el inicio de su interés por el medioambiente, no fueron las únicas determinantes para construir la admiración profunda que siente por la vida natural. También lo fueron las charlas sobre reciclaje que Jaime Acosta, rector de su colegio, les daba a él y a sus compañeros cuando este aún era un tema inusual; y el paseo escolar a la Laguna de Iguaque (Boyacá), un viaje agreste y con largas horas de caminata en el que avistó un majestuoso halcón por primera vez.


Cuidar la naturaleza es tarea de todos


Todas esas experiencias no solo hicieron de Alejandro un admirador de los ecosistemas y especies, sino que lo convirtieron en una persona consciente frente al uso de los recursos naturales. Por eso, en 2013, mientras vivía en Honduras por temas laborales, quedó impactado cuando vio en los periódicos locales una noticia sobre la contaminación marina en las Islas de la Bahía. 

Envases, cubiertos plásticos, bolsas y hasta pañales formaban una nata de desperdicios tan grande que se perdía en el horizonte. Este lugar, que hace parte de la segunda barrera coralina más grande del mundo, estaba rebozado de basura y nadie hacía nada para revertirlo.

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Esa imagen tan crítica de la contaminación por plásticos fue la que impulsó a Alejandro a cambiar muchos de sus hábitos de consumo. Por eso, cuando regresó a Colombia, empezó a reciclar y, sobre todo, a educarse sobre temas ambientales que posteriormente le permitieron hacer pedagogía en distintos escenarios.

Primero, lo hizo en su hogar y con sus familiares. “En casa me encargo de la separación de las basuras y tratamos con Elena, mi esposa, de consumir cada vez menos plástico. También hemos eliminado casi por completo el uso de botellas desechables y procuramos llevar siempre un botilito reutilizable”, dice con orgullo.

Luego, decidió compartir ese conocimiento con sus vecinos: “Les hice volantes con guías para saber cómo separar la basura de forma correcta, les compartí información sobre la iniciativa de ‘Botellas de Amor’ para que se animen a llenar sus botellas y les ofrecí recogerlas y llevarlas hasta el lugar de acopio”. Con esos primeros pasos, está tan entusiasmado que quiere convencer a los habitantes de su edificio de transformar sus hábitos de consumo en beneficio de la naturaleza.

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El proceso es lento y él lo sabe. Pero también sabe que “si cada persona tiene un poco más de conciencia social y ambiental se pueden conseguir grandes beneficios para nosotros y la naturaleza. Vivimos en este hermoso planeta y al final es tarea de todos conservarlo”, dice Alejandro, quien desde 2017 se convirtió en donante de WWF, motivado los proyectos de conservación que tiene la organización en las distintas regiones del país.
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