“Devolverle la tierra a la Tierra”, el propósito de un grupo de reservistas en Santander

Posted on 17 marzo 2022

La Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil de Zapatoca-RENAZ, conformada por 16 familias y ocho reservas, suma 650 hectáreas para la conservación de la biodiversidad del país. Sus integrantes sueñan con que esta historia común de cuidado de la naturaleza sirva para motivar a otros a trabajar por el equilibrio del planeta.
“Los verdaderos dueños de esta montaña son el oso de anteojos, las plantas, las aves, los hongos, los insectos y las demás especies que aquí se encuentran. Nosotros solo tenemos un título y estamos administrando estos predios para efectos legales, pero estamos convencidos de que nuestra misión es devolverle la tierra a la Tierra”, dice Daniel Díaz, copropietario de la Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC) La Montaña Mágica-El Poleo, para explicar la filosofía con la que él y su papá, Reynaldo Díaz, han constituido este lugar, ubicado en el municipio de Zapatoca (Santander).

Esa filosofía, que le apunta al mantenimiento de los ecosistemas y especies de la región a través del desarrollo de alternativas productivas sostenibles, la investigación científica y la restauración ecológica, empezó a tomar forma hace 15 años, cuando Reynaldo regresó a Zapatoca, su pueblo natal, y compró el primer predio de La Montaña Mágica.



“Gracias a Milton Rueda, un amigo de infancia de mi papá que fue el primero en tener una RNSC en el municipio, habíamos quedado con la inquietud por tener una reserva. Por eso, decidimos hacer un esfuerzo familiar para aportar a la conservación”, cuenta Daniel.

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Esa misma reserva fundada por Milton Rueda, llamada la RNSC Páramo - La Floresta, no solo sirvió para que los Díaz se convencieran de que ser “reservistas” era la misión de sus vidas, sino que lentamente desencadenó un movimiento ambientalista y conservacionista que inspiró la creación de nuevas reservas y, años después, la constitución de la Red de Reservas Naturales de la Sociedad Civil de Zapatoca-RENAZ, una organización que representa el 21% del área conservada del municipio (650 de 36.000 hectáreas).

Ese porcentaje ha hecho que la RENAZ tenga representatividad en los espacios de toma de decisiones ambientales de Zapatoca. También, ha permitido que las reservas se conviertan en un escudo para evitar la explotación de minerales como el uranio, así como para impedir el impacto de actividades humanas sobre las fuentes hídricas de las que se recarga el acueducto local, y sobre los corredores naturales por los que transitan especies como el oso andino (Tremarctos ornatus) y el puma (Puma concolor).


 

“Producir conservando”


Una de las principales preguntas que se han hecho los integrantes de la RENAZ es cómo lograr que la conservación sea económicamente viable. Como respuesta, han desarrollado alternativas productivas sostenibles, entre ellas, la apicultura, los cultivos orgánicos, las visitas guiadas, y la producción de material vegetal para la restauración y con fines ornamentales. Además, gracias a un taller sobre el cultivo de hongos para la alimentación, realizado recientemente por WWF Colombia, están explorando esta opción.

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Según Juan Fernando Martínez, integrante de la RENAZ y propietario de las reservas Nirvana y Clavellinas, el desarrollo de alternativas productivas sostenibles no solo busca la rentabilidad de las iniciativas de conservación, sino también maximizar el impacto social y ambiental de las mismas. Para lograr esto, lo más importante es trabajar en red. Es una fuente de energía, ideas y motivación”.

Añade que en un momento en el que “la Tierra está desbalanceada, esos esfuerzos comunes potencian el desarrollo regenerativo y la invención de nuevas formas de hacer las cosas. Eso viene más de una filosofía de vida en la que pensamos que el futuro nuestro y de las siguientes generaciones solo será posible si trabajamos por el equilibrio natural”.

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Esa visión de Martínez, complementa la de Armando Gómez, propietario de las reservas Traganubes y Mamá Bertha. “Estamos en una crisis planetaria sin precedentes. Por eso tenemos que tratar de hacer algo por el planeta, o más bien, por nosotros mismos. Por eso las reservas son claves. Sin embargo, estas requieren de tiempo, dinero y esfuerzo, y en ese sentido es necesario establecer procesos productivos que permitan que el trabajo que se hace en ellas continúe, y que las redes se sigan tejiendo entre quienes estamos interesados en proteger la biodiversidad”.

Además, dice, “tener una reserva asegura recursos para quienes no han nacido. Aunque no tengan mucha retribución económica, las RNSC dan muchas satisfacciones morales y espirituales. Más que llenar el bolsillo, llena el corazón, la mente y el espíritu”.
 

Muchas visiones, un propósito común


En la RENAZ, cada integrante tiene un rol: a Juan Fernando lo llaman el guía espiritual porque cree que el trabajo que realizan en la red genera conexiones energéticas poderosas e inexplicables con la Tierra; a Armando el “ecopesimista” porque, aunque es un reservista entregado, piensa que hay pocas posibilidades de salvar el Planeta con acciones como las que ellos implementan; a Daniel lo reconocen como un líder científico por su formación como ingeniero forestal; y a Reynaldo, como un idealista capaz de materializar sueños y un promotor incansable de las bondades de vivir en armonía con el entorno.

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“Cada quién desde su quehacer en cada una de las reservas de la RENAZ le imprime una parte importante al proceso de conservación”, dice Daniel, confirmando que las diferencias son una fortaleza para consolidar los proyectos que tiene como colectivo. También, para demostrar que sin importar los intereses, oficios o profesiones, cualquier persona puede dedicar un predio al servicio de la conservación.

“Tener una reserva hace que uno se conecte con la tierra de otra manera, y que en lugar de decir: “esto es mío y aquí voy a imponer”, entienda que estos espacios permiten que la vida ocurra. Tenemos y debemos restaurar la tierra para reducir amenazas como la deforestación, la escasez de agua y la pérdida de biodiversidad. La relación que tenemos con el Planeta tiene que cambiar. Yo sueño y quiero que esto sea viable para nosotros y para otras personas”, concluye Daniel.

¿Cómo trabaja WWF con las RNSC?


Las Reservas Naturales de la Sociedad Civil son la única categoría privada de conservación del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP). Esto quiere decir que cualquier persona con voluntad de aportar a la conservación de la biodiversidad nacional, puede hacerlo inscribiéndose al Registro Único de Áreas Protegidas (RUNAP) de Parques Nacionales Naturales de Colombia, entidad responsable de administrar las áreas protegidas del país.

WWF, bajo el proyecto GEF-SINAP para el fortalecimiento del Sistema Nacional de Áreas Protegidas, ha apoyado el proceso de registro de este tipo de reservas ante Parques Nacionales. Además, la elaboración de planes de manejo con un componente de cambio climático, de tal manera que los dueños de los predios puedan tener mejores resultados con sus propósitos de conservación.
Las RNSC de la RENAZ se encuentran en las zonas aledañas al Parque Nacional Natural Serranía de los Yariguíes, lo que las convierte en sitios complementarios para las actividades de conservación realizadas en el área protegida y la región.
© WWF Colombia
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