¿Qué es el Distrito de Conservación de Suelos y Agua del Caquetá?

Posted on 21 junio 2019

Ubicado en el piedemonte amazónico, este distrito es de vital importancia para los caqueteños. En sus 300.000 hectáreas cubre nueve municipios a los que abastece de agua dulce, incluyendo a Florencia, la capital del departamento.
Ubicado en el piedemonte amazónico, este distrito es de vital importancia para los caqueteños. En sus 300.000 hectáreas cubre nueve municipios a los que abastece de agua dulce, incluyendo a Florencia, la capital del departamento.
 
El Distrito de Conservación de Suelos y Aguas del Caquetá (DCSAC) es una figura de conservación que existe hace 45 años. Se creó en 1974 para resguardar este territorio de la frontera agrícola y se convirtió en la manera más eficaz de preservar la riqueza natural de nueve municipios (San Vicente del Caguán, Doncello, Montañita, Morelia, el Paujil, Florencia, San José de Fragua, Belén de los Andaquíes, Puerto Rico) y recuperar los suelos deforestados. Sin embargo, en el año 2010, el decreto 2372 redefinió las categorías de áreas protegidas y no reconoció la figura del distrito, quitándole la única protección a esta zona.
 
Desde ese momento, surgieron varios intentos por recuperar la protección de estos municipios. En el 2014, Corpoamazonia declaró el área como determinante ambiental, es decir que tanto las alcaldías municipales como la gobernación debían tener en cuenta la figura del Distrito a la hora de ordenar su territorio. Sin embargo, los alcances de las determinantes no fueron claros y solo cuatro años después, los habitantes de esta zona recobraron la esperanza de ver su territorio resguardado. En el 2018, bajo el liderazgo de la autoridad ambiental local, Patrimonio Natural y WWF-Colombia se aplicó la Ruta para la Declaratoria con el objetivo de proteger el área bajo alguna de las figuras aceptadas por la ley.
 
Joel Cañas, uno de los campesinos que participó en el proceso, cuenta que todo esto “parecía una oportunidad enorme, tanto para el territorio como para nosotros, pues prometía conservar la zona y ayudar a los campesinos que vivimos allí. Nos prometían enseñarnos a trabajar sosteniblemente y a darnos compensaciones por el cuidado ambiental que hiciéramos”.
 
La Ruta para la Declaratoria inició con organizaciones y comunidades locales llenas de expectativas, pero en el camino los resultados no fueron los esperados, pues los análisis mostraron que el territorio está más transformado de lo que se pensaba -de 300.000 hectáreas, solo el 15.8% se encuentra en un estado favorable de conservación- y por tanto no cumplía con los criterios necesarios para ser protegido en alguna de las figuras definidas.
 
Pero no todo podía darse por perdido. Como lo asegura Ilvia Patricia Niño, especialista en conservación para el Piedemonte de WWF-Colombia, el hecho de que un territorio no pueda ser un área protegida, no significa que no se deba trabajar en él. “En casos como estos, el criterio debe ser mucho más amplio y tener muy en cuenta el por qué se quiere conservar determinada área”, comenta.
 
Y es que, en el caso del Distrito, su conservación es primordial. Para empezar, se encuentra localizado en un área estratégica que conecta los bosques de los Andes con las selvas de la Amazonia, hogar de cientos de especies emblemáticas y de gran importancia para su entorno como el oso andino y el jaguar. Además, significa la preservación de distintas fuentes hídricas que abastecen la región.
 
Con razones suficientes para conservarlo, surgió un nuevo acuerdo entre Patrimonio Natural, Corpoamazonia y las comunidades locales para iniciar un nuevo proceso en el territorio, esta vez ampliando el objeto de estudio; pues como explican los expertos, es un paso necesario para asegurar la conexión entre los bosques andinos y la llanura amazónica. Así se incluyeron en el estudio 2.500.000 hectáreas, que incluyen las 300.000 que representa el Distrito. Hasta el momento, los resultados señalan más de 500.000 hectáreas claves, 58.000 de ellas en el territorio del Distrito.
 
En esta área existen puntos donde la conectividad se mantiene y otros donde está fragmentada, como lo explica Ilvia Niño; una situación que requiere preservar las áreas aún inexploradas y restaurar las áreas transformadas. Un ejercicio que deberá realizarse manteniendo todos los posibles beneficios para las comunidades locales y las áreas protegidas del sector –entre esas el Parque Nacional Natural Alto Fragua Indi-Wasi y el Parque Regional Natural Miraflores y Picachos–.

 
Estrategias que se construyen con la gente.
 
Desde que tiene memoria, Joel Cañas ha trabajado el campo. Para él, cuidar los ríos y bosques es una vocación con la que se nace. Su sensibilidad por la biodiversidad local lo ha llevado a trabajar por la conservación y por los campesinos, y en el camino ha aprendido que el conocimiento y la información son las mejores herramientas para defender su territorio con argumentos. Por esta razón, desde el año pasado, Joel y 50 líderes más participan en una iniciativa de fortalecimiento de capacidades que permitan generar propuestas para el ordenamiento del territorio.
 
Estos espacios participativos iniciaron en octubre de 2018 como parte de la ruta para la declaratoria. Allí, los líderes de los nueve municipios han hecho eco del llamado para conservar y mantener lo que aún queda de su territorio. Para muchos de los participantes del taller, esta fue la primera vez en la que supieron sobre la riqueza natural que los rodea.
 
Lucia Vivas es una de ellas y cuenta su experiencia. “Como muchos aquí, yo no lo conocía. Solo cuando las organizaciones realizaron los primeros talleres supe la importancia de nuestro territorio y la posibilidad de protegerlo de la deforestación y las concesiones petroleras. Nuestro territorio es nuestra casa y por eso queremos cuidarla de la mejor manera posible”.
 
No será un camino fácil, tal como lo asegura Lucía. Sin embargo, ya se están abordando muchas de las necesidades del DCSAC. Precisamente, la ruta de Gobernanza surgió como una primera respuesta para promover escenarios en los que las comunidades locales intercambien percepciones; discutan los resultados técnicos; reflexionen colectivamente y construyan propuestas que aporten al manejo sostenible teniendo en cuenta los resultados técnicos del estado de conservación de esta importante área para la región.
 
¿Cuál es el próximo paso?
 
Ya existen algunas recomendaciones para que el territorio inicie un proceso de recuperación de sus condiciones naturales, pero lograr este objetivo necesita tiempo y recursos; además, es necesario que las decisiones sobre el ordenamiento del territorio de los gobiernos, las comunidades y las autoridades estén alineadas con el trabajo ambiental de la zona: mantener los bosques existentes y restaurar esas zonas para preservar los corredores que conectan los andes con la amazonia.
 
El pasado marzo, en el encuentro más reciente, los representantes de los nueve municipios se reunieron para concretar propuestas que promuevan la adopción de estrategias de conservación, manejo sostenible y bienestar comunitario en el Distrito de Conservación de Suelos y Aguas del Caquetá.
 
¿Cuáles son esas propuestas?

Frente al estado o situación de conservación del área, las comunidades coincidieron en una lista de acciones que incluyen los territorios indígenas, las reservas de la sociedad civil, el turismo sostenible y el fortalecimiento de capacidades, entre otros. Dichas estrategias buscan garantizar que los municipios se comprometan con la incorporación de estas propuestas en sus instrumentos de planificación territorial y serán impulsados por algunos concejales de los diferentes municipios.
Caquetá, Colombia.
© Luis Barreto
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