La deforestación global avanza en 24 frentes y nueve de ellos están en América Latina | WWF

La deforestación global avanza en 24 frentes y nueve de ellos están en América Latina

Posted on
13 enero 2021
  • Un nuevo informe de WWF reporta que hay 24 lugares altamente amenazados por la deforestación, entre los que están la Amazonia colombiana y el Chocó Darién, de Colombia y Ecuador. En Colombia la deforestación fue de 158.894 hectáreas en 2019.
El reporte, “Frentes de deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante” publicado hoy por WWF, analiza 24 frentes de deforestación en el mundo. Estos son lugares que tienen una concentración significativa de puntos críticos de deforestación y donde grandes áreas de bosque remanente se encuentran amenazadas. Entre 2004 y 2017, más de 43 millones de hectáreas de bosque fueron devastadas en esas zonas, un área del tamaño de California, en Estados Unidos.

Nueve de los 24 frentes de deforestación están en América Latina: seis en la Amazonia en Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela/Guyana; otro en el Gran Chaco (Paraguay/Argentina); uno en el Cerrado (en Brasil); uno en Chocó-Darién – Colombia/Ecuador; y otro en la Selva Maya (México/Guatemala).

El reporte identifica 12 impulsores de deforestación, entre los que la agricultura a gran escala se ubica como la mayor causa detrás de la pérdida de bosques alrededor del mundo, con áreas boscosas despejadas para dejar espacio al ganado y los cultivos. En América Latina, la ganadería, la agricultura a gran escala, la minería, la infraestructura de transporte y los incendios se resaltan como los mayores impulsores.

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La necesidad de cambiar nuestra relación con la naturaleza


El reporte también llama la atención respecto al papel de la deforestación y la degradación forestal como los principales impulsores de las enfermedades zoonóticas. Cuando están sanos, los bosques son un amortiguador contra enfermedades como el Covid-19. Pero cuando los bosques son atacados, sus salvaguardas se debilitan, ocasionando la propagación de enfermedades.

“Si bien las cifras que compartimos son alarmantes, la pandemia de COVID-19 puede brindar una oportunidad para el tipo de cambios transformadores que son esenciales en la meta de salvaguardar nuestros bosques”, advirtió por su parte Fran Raymond Price, líder global de la práctica de bosques de WWF. “Necesitamos cambiar nuestra relación con la naturaleza. Debemos abordar el consumo excesivo y dar más valor a la salud y la naturaleza en lugar del actual énfasis en el crecimiento económico y las ganancias financieras a toda costa. El riesgo de que surjan nuevas enfermedades es mayor en las regiones de bosques tropicales que están experimentando cambios en el uso de la tierra”, explicó Price.

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Algunas lecciones y enfoques para enfrentar la deforestación


El reporte señala que las respuestas a la deforestación deben ir acompañadas de condiciones que aseguren su permanencia a largo plazo (como un apoyo político ambicioso y continuo), aumenten su aceptación y amplíen su escala con el tiempo.

Colombia está ante una oportunidad única en términos políticos para abordar esta problemática, pues justamente el pasado 29 de diciembre, el Gobierno nacional presentó ante Naciones Unidas su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC) como aporte para el cumplimiento del Acuerdo de París de Cambio Climático.

Dentro de la ambiciosa meta de mitigación -reducir en 51% las emisiones de Gases de Efecto Invernadero proyectadas para 2030- el Gobierno contempla pasar a una tasa de 50.000 hectáreas deforestadas por año en 2030. En 2019, la tasa de deforestación en el país fue de 158.894 hectáreas, mientras que en 2018 el área deforestada sumó 197.159 hectáreas, según las cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

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Igualmente, recientemente el Gobierno nacional aprobó la Política nacional para el control de la deforestación y la gestión sostenible de los bosques en la que se identifican las acciones que este mismo debe desarrollar de manera articulada con los sectores, comunidades, entre otros actores, para controlar esta problemática, y promover la conservación y manejo sostenible de los bosques. Las medidas de esta política deberán estar articuladas con otros instrumentos y compromisos regionales asumidos por Colombia como el Pacto de Leticia, y la NDC actualizada, entre otros.

Para que el país logre sus cometidos será crucial reconocer la contribución de los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, campesinas y locales al cumplimiento de la NDC -especialmente en el componente de medios de implementación- y otras políticas nacionales, a partir de los ejercicios propios y autónomos de manejo del territorio que hacen, teniendo en cuenta el rol que han tenido por décadas en la conservación de los bosques que habitan.

En cuanto a los compromisos de deforestación cero por parte de las empresas, el informe destaca que son un paso clave, pero que la mayoría de las empresas luchan por impulsar una agenda de conservación sin que haya marcos normativos y políticas nacionales que apoyen su esfuerzo. En este sentido, también señala que cuando las políticas gubernamentales coinciden con las iniciativas privadas, pueden producirse importantes disminuciones en la pérdida del bosque, como fue el caso en ciertas partes de Indonesia y en la Amazonía brasileña, donde el gobierno apoyó la reducción de la deforestación e implementó la correspondiente legislación.
 

Soluciones integradas, adaptadas y contextualizadas


El informe analiza las soluciones y respuestas a la deforestación y concluye que estas deben ser inclusivas y adaptadas al contexto local y regional. Enfatiza que no hay un enfoque único ni un criterio universal, y deja claro que las respuestas más efectivas son aquellas que combinan múltiples soluciones.

Entre las soluciones destacadas en el informe, se menciona el reconocimiento de los derechos de tenencia de los territorios indígenas como una solución efectiva para promover la protección de bosques bajo prácticas de manejo y control local. Jordi Surkin, Director de Conservación de WWF Bolivia, resaltó que “los territorios indígenas suelen ser efectivos en frenar la deforestación, pero cada vez son más comunes situaciones en la que quedan ‘islas’ de bosques: territorios indígenas con bosques sanos pero rodeados de deforestación”.

Otro de los puntos que resalta el informe es que los enfoques basados en áreas, incluidas las áreas protegidas y las reservas, suelen ser eficaces para reducir la pérdida de bosques; sin embargo, a menudo carecen de capacidad de manejo y recursos financieros para ser eficaces. En el caso de Colombia, aunque las áreas protegidas enfrentan enormes presiones, su rol contra la deforestación tiene aún más relevancia en este momento. Las áreas protegidas y otras estrategias de conservación son la casa que salvaguarda nuestra biodiversidad. Su creación y mejoramiento en lugares estratégicos, su conectividad, así como la inclusión de las comunidades locales para la protección de sus territorios, son clave para evitar la deforestación.

En Colombia, WWF trabaja para reducir la deforestación junto a comunidades campesinas e indígenas, realizando monitoreo forestal, capacitaciones en prevención de incendios forestales, manejo forestal sostenible, restauración de bosques, entre otras acciones. “Pero acá debe haber respuesta desde diferentes ángulos y el Estado también desempeña un papel importante en términos de los compromisos que han adquirido, como por ejemplo desde el Pacto de Leticia”, dijo Miguel Pacheco, coordinador Recursos Naturales y Medios de Vida en WWF Colombia.

El reporte hace un llamado a los ciudadanos alrededor del mundo a tomar acción para frenar la pérdida de bosque evitando el consumo de productos asociados a la deforestación, como ciertas carnes, soya y aceite de palma, revisando etiquetas y buscando productos certificados para determinar su procedencia.

También propone acciones urgentes por parte de gobiernos, empresas y reguladores, que deben aplicarse de forma combinada. Estas incluyen asegurar los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales, poniendo más bosques bajo su control; asegurar la conservación de áreas ricas en biodiversidad; garantizar que los productos procedentes de los bosques se produzcan y comercialicen de forma legal y sostenible entre otros.
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