El Cerrado (en Brasil) vive su peor crisis por la deforestación | WWF

El Cerrado (en Brasil) vive su peor crisis por la deforestación

Posted on
17 diciembre 2019
Datos difundidos por el Gobierno brasileño muestran que la deforestación de esta eco región, reconocida por ser la sabana más biodiversa del mundo, ha mantenido niveles altos por los cuales va en proceso de extinción masiva.

 
Información de WWF-Brasil, editada por WWF-Colombia
 
El Cerrado, la sabana tropical con más biodiversidad del mundo, ubicada principalmente en Brasil, está viviendo una de sus peores crisis por cuenta de la deforestación. El gobierno informó este 16 de diciembre que la pérdida de cobertura vegetal del Cerrado, entre agosto de 2018 y julio de 2019, fue de 648.400 hectáreas, lo que mantiene los preocupantes niveles de los últimos años.
 
Aunque hubo una pequeña reducción en la deforestación con respecto al año anterior, de 2,26%, la pérdida actual es alarmante: corresponde a derribar la superficie de una ciudad como São Paulo o un área metropolitana de Londres cada tres meses. Los datos fueron presentados por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, por su nombre en portugués).
 
Las cifras históricas indican que la tasa de devastación del Cerrado en los últimos cuatro años se ha mantenido en niveles altos: alrededor de 680 mil ha/año. De esta manera, más de la mitad del área original del bioma ya ha sido convertida, principalmente para actividades agropecuarias, y algunas investigaciones indican que solo 20% de lo que resta de vegetación está en condiciones sanas de conservación. Eso convierte el Cerrado en una de las áreas naturales más amenazadas del planeta. Según investigadores, en el ritmo de devastación de los últimos años, el Cerrado camina para un proceso de extinción masiva sin precedentes en la historia del planeta.
 
Acerca de los números de la deforestación en el Cerrado, Mauricio Voivodic, director ejecutivo de WWF-Brasil, afirma: “el Cerrado vive una tragedia silenciosa, pues va camino a ser destruído por falta de políticas responsables. De hecho, si el Código Forestal estuviera implementándose (lo que no es una realidad), protegería poco el bioma: entre 20 y 35%. Hoy tenemos 23 millones de hectáreas de áreas abiertas con alta aptitud agrícola para soja -cultura que representa más del 80% de la agricultura en el bioma, y aún hay 15 millones de hectáreas deforestadas y con potencial para la agricultura, sumando 38 millones de tierras aptas ya abiertas”.
 
Voivodic añade que “el gobierno nacional, mientras tanto, emite señales ambiguas a los productores. Por un lado, ofrecen crédito subsidiado para la recuperación de pastos y la intensificación agrícola y por otro, decreta Medida Provisional que legaliza invasiones de tierras públicas que ocurrieron hasta el año pasado (2018), lo que incentiva que la frontera agrícola siga expandiéndose sobre la vegetación nativa indefinidamente y de forma ilegal (en tierras no tituladas). Necesitamos acabar urgentemente con esa ambigüedad y dar una señal clara de que no vamos a destruir la fuente de riqueza de la sociedad y de los pueblos y comunidades tradicionales; que no vamos a poner en riesgo su biodiversidad única y que no comprometeremos la cuna de las aguas que abastecen los grifos, irrigan cultivos y mueven turbinas hidroeléctricas en beneficio de nuestra economía y de millones de brasileños, de la ciudad al campo”.
 
A diferencia de la Amazonia, la deforestación en los últimos años en el Cerrado ha sido promovida principalmente por actores privados, productores rurales y grupos empresariales, entre los que se destacan las llamadas compañías de tierra.
 
Considerando los riesgos socioambientales de pérdida de mercados, así como la enorme área abierta disponible para la expansión productiva, el gobierno brasileño debe establecer metas y acciones concretas para la reducción de la deforestación del Cerrado y para la recuperación de los cerca de 20 millones de hectáreas de pasivos ambientales en propiedades privadas existentes en Brasil”, afirma Edegar de Oliveira Rosa, director de Conservación y Restauración del WWF-Brasil.
 
Brasil parece caminar en el contraflujo de las tendencias globales al no combatir la deforestación y la ilegalidad, y exponer las exportaciones y la economía a crecentes riesgos de boicot. “Necesitamos ponernos en la posición del otro y reflexionar: ¿A qué comprador, a qué inversor o país socio le gustaría ver su imagen asociada a la destruición de la naturaleza y a las contravenciones?”, cuestiona Voivodic.

 
La importancia del Cerrado
 
El bioma del Cerrado se extiende en Brasil por los estados de Bahía, Goiás, Maranhão, Minas Gerais, Mato Grosso, Mato Grosso do Sul, Piauí, Paraná, Rondônia, São Paulo, Tocantins y el Distrito Federal. Después de la Amazonia, es el bioma más grande de Sudamérica y corresponde a 1/4 del territorio nacional brasileño, con más de 2 millones de km2.
 
El área protegida del Cerrado es muy inferior a la de la Amazonia, y la cobertura vegetal íntegra del bioma ya ha sido reducida a cerca de 20% del original, con más de la mitad de su territorio devastado. Si sigue esta tendencia, la devastación del Cerrado acarreará una extinción masiva de especies, de acuerdo con un artículo de la revista Nature (2017). El bioma tiene cerca de 10 mil especies de plantas, de las cuales 44% endémicas, además de enorme diversidad de fauna, incluyendo especies como el Lobo-Guará, el Tamanduá-Bandeira (especie de oso hormiguero) y la Onça Pintada (especie de jaguar). El Cerrado abriga 30% de la biodiversidad brasileña y 5% de las especies del planeta. A pesar de esto, la devastación sigue y además de perder especies, las emisiones anuales de gases responsables del efecto invernadero (por quemas y deforestación) ya corresponden a más de 40 millones de carros.
 
El actual nivel de devastación compromete las aguas que nacen en el Cerrado y alimentan seis de las ocho grandes cuencas hidrográficas brasileñas: Amazónica, Araguaia/Tocantins, Atlántico Norte/Nordeste, São Francisco, Atlántico Leste y Paraná/Paraguay, incluyendo las aguas que dan salida para el bioma Pantanal. El Cerrado también es la fuente del 90% de las aguas del río São Francisco. Cuando se deforesta el Cerrado, la recarga de tres grandes acuíferos brasileños (Bambuí, Urucuia y Guarani) queda comprometida, así como los recursos hídricos que son fundamentales para millones de personas que viven en el bioma y para nueve en cada diez brasileños que consumen energía proveniente de hidroeléctricas.
 
Dona
Dona