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2025: un año contado por las comunidades

Historias de conservación ambiental que inspiran y transforman

Desde WWF Colombia destacamos el trabajo conjunto con mujeres, jóvenes, pueblos indígenas, comunidades negras y campesinas para transformar los grandes desafíos ambientales en oportunidades para proteger sus territorios, su cultura y sus saberes. 

Ellos crecieron, aprendieron, innovaron y nos enseñaron que la conservación es, ante todo, una obra colectiva.

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Ricardo transforma la palabra, la memoria y la observación en conocimiento

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Su relato nace de una urgencia real: la escasez de peces en la comunidad de Santa Rosa, Caño Bocón.

Esta historia no fue contada desde afuera. Fue pensada, narrada y registrada por las propias comunidades indígenas de la Amazonia colombiana, que participaron en un taller de comunicaciones en la Estrella Fluvial de Inírida, un territorio donde los ríos se encuentran y también lo hacen los saberes. Allí, la palabra, la memoria y la observación siguen siendo formas vivas de conocimiento.

Desde ese espacio, surge la voz de Ricardo Medina Pérez, del pueblo Piapoco y Puinave, un sabedor que ha dedicado su vida a observar el comportamiento del pez escalar altum, una especie clave del río Inírida. Aunque la tradición indígena no se escribe en libros, Ricardo decidió llevar sus observaciones a un cuaderno, demostrando que el conocimiento ancestral también investiga, compara, registra y comprende la vida con una profundidad que la ciencia occidental apenas empieza a reconocer.

Este relato nace de una urgencia real: la escasez de peces en la comunidad de Santa Rosa, Caño Bocón. A partir de esa preocupación colectiva, el conocimiento transmitido desde la infancia, la observación cotidiana y el cuidado del territorio se transformaron en una estrategia de conservación. Esta es una historia sobre ciencia ancestral, sobre autonomía, y sobre cómo proteger la Amazonia también implica escuchar y amplificar las voces que la han cuidado por generaciones.

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Marly, un rostro de la Escuela de Género para la Conservación en Arauca

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Ella fundó la Asociación Vivero Comunitario Morichales de Vida “El Mapoy”, en Tame.

A sus 28 años, Marly no solo es una joven madre de familia, sino también socia fundadora de la Asociación Vivero Comunitario Morichales de Vida “El Mapoy”, en Tame, Arauca.

Desde esta organización local, Marly y sus compañeros y compañeras le apuestan a la restauración no solo como una manera de recuperar los bosques del piedemonte llanero de municipio, sino cuidar el agua del municipio y sus ecosistemas. Y, además, se ha convertido en una fuente de trabajo e ingresos para ellos.  

La Asociación nació a partir de un proceso de restauración de bosques del piedemonte llanero, impulsado desde 2018 por la comunidad de la vereda El Mapoy y la Fundación La Palmita.

Con el proyecto GEF Orinoquia no solo lograron liderar y desarrollar su primer proyecto de manera independiente, sino que varias de sus asociadas, entre ellas Marly, se fortalecieron aún más en el marco de procesos como la Escuela de Género para la Conservación de la Biodiversidad en la Orinoquia.  

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Para Creici Paola, el bosque no solo es paisaje: es vida

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Llegó al departamento del Guaviare buscando una oportunidad y ahora dedica su vida a proteger el ecosistema

Creici Paola Rayo Ortiz nació en Ataco, Tolima, y llegó hace quince años a la vereda Los Termales, en el Guaviare, buscando una oportunidad de trabajo. Lo que encontró fue una cultura en la que tumbar monte para hacer potreros era algo muy normal. 

Con el tiempo, empezó a entender que el bosque no solo es paisaje, sino vida. A través del monitoreo comunitario y su liderazgo en la Junta de Acción Comunal, aprendió a reconocer el valor del agua, del aire limpio y de la biodiversidad que sostiene a su familia y a su comunidad. 

Hoy, junto a su familia, protege el bosque que rodea su finca y trabaja en la restauración de las áreas que fueron deforestadas, sembrando especies nativas como copoazú, cacai y asaí. Aunque la ganadería sigue siendo parte de su sustento, su apuesta es avanzar hacia sistemas agroforestales que le permitan producir y conservar al mismo tiempo. Su mayor satisfacción es ver a sus hijos crecer conscientes y comprometidos con el territorio, demostrando que proteger el bosque también es una forma de cuidar el futuro. 

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Berta y su apuesta por la conservación en Nariño

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Ella participa activamente en el vivero comunitario, desde donde impulsa alternativas productivas más sostenibles.

Berta Hernández es madre cabeza de familia de cinco hijos y una mujer cuya historia está marcada por la resiliencia. Vivió de cerca la violencia armada en Nariño, una experiencia que dejó una huella profunda en su vida y en su relación con el territorio. Durante años, su sustento estuvo ligado a la tala de árboles y a la producción de carbón vegetal, prácticas que respondían a las condiciones y necesidades de ese momento. 

Con el tiempo, Berta tomó una decisión transformadora: cambiar su camino y apostarle a la conservación. Hoy se dedica a la cría de cuyes y participa activamente en el vivero comunitario, desde donde impulsa alternativas productivas más sostenibles. Además, acompaña a otras familias en procesos como la apicultura, las huertas comunitarias, la elaboración de productos a base de miel y el turismo comunitario. 

A través de su trabajo cotidiano, Berta ha ido construyendo nuevas formas de relacionarse con la naturaleza y de generar ingresos para su familia y su comunidad. Su apuesta por la cría de cuyes, el fortalecimiento del vivero comunitario y el acompañamiento a otras familias ha abierto caminos hacia alternativas productivas más sostenibles, demostrando que cuidar el territorio también puede ser una forma de asegurar bienestar y futuro. 

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Álvaro: un joven que transmite a su comunidad la importancia de los manglares

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Nació y creció en Nuevo Papayal lo que le ha permitido conocer de primera mano las dinámicas del territorio.

A sus 26 años, Álvaro Iván Rosero ya se perfila como uno de los líderes más reconocidos del Consejo Comunitario Bajo Mira y Frontera, ubicado en el Pacífico sur colombiano. A su corta edad, desmiente la idea de que el relevo generacional no sea posible en comunidades donde las tradiciones y la herencia cultural negra-afrodescendiente están profundamente arraigadas, y donde, por razones como la migración a las ciudades, la violencia o la falta de oportunidades locales, las voces de las personas mayores han ido perdiendo espacio entre las generaciones más jóvenes. 

Nació en Nuevo Papayal y creció en este territorio, lo que le ha permitido conocer de primera mano las dinámicas y problemáticas de las distintas veredas que conforman el Consejo. Desde hace varios años es uno de los integrantes más activos del proceso Manglares para la Comunidad y el Clima, en el que ha cumplido el rol de enlace comunitario en diferentes zonas de trabajo orientadas al reconocimiento de la importancia de los manglares en la región. Uno de los procesos más relevantes en los que ha participado está relacionado con la gestión del riesgo de desastres asociados a tsunamis y al cambio climático. En él, contribuyó a la realización de censos poblacionales y al reconocimiento de amenazas vinculadas al cambio climático en ocho centros poblados de Tumaco. 

Actualmente, continúa aportando al proceso desde su conocimiento del territorio e incluso apoyando labores científicas, como la recolección de hojarasca de árboles de mangle. 

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Hernán: juventud que siembra futuro en Aracataca, Magdalena

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Su camino pasó de un programa radial escolar a un voluntariado juvenil que hoy impulsa acciones ambientales.

En Aracataca, Hernán Gutiérrez empezó hablando de ambiente en la emisora comunitaria Macondo Stereo con Momento Ecológico y Cultural. Pero el contexto, problemáticas ambientales y falta de alternativas para muchos jóvenes, lo llevó a “pasar de las palabras a la acción”. 

Tras un foro juvenil, realizado en  Aracataca en el 2013, convocó a estudiantes de distintas instituciones y, junto a Peggy Zurita su esposa y con el apoyo de líderes comunitarios, impulsó un voluntariado juvenil enfocado en el liderazgo, la siembra de árboles y la recuperación de espacios afectados por los residuos. Esta iniciativa respondió a dos retos urgentes del territorio: la pérdida del Bosque Seco Tropical y la escasez de oportunidades de estudio, empleo y emprendimiento para las juventudes. 

Desde la asociación BioHuellas Makondo (legalizada en 2019), Hernán y el voluntariado han fortalecido un vivero para la restauración, desarrollando procesos de investigación comunitaria como inventarios de flora y aves, y explorando alternativas como el turismo regenerativo, conectando conservación, cultura y desarrollo local.  

Hoy, Hernán representa a los jóvenes en la Plataforma de Custodia del Agua, un escenario de gobernanza del agua promovido por WWF Colombia que opera desde 2015 en las cuencas que conectan la Sierra Nevada con la Ciénaga Grande de Santa Marta. 

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