La biodiversidad alrededor del banano y el café: el caso de la Subregión Norte del Magdalena

Posted on 27 diciembre 2021

Pese a la importancia económica de la región, la biodiversidad de las cuencas de los ríos que conectan la Sierra Nevada con la Ciénaga Grande de Santa Marta, han sido poco estudiadas. Este 2021, la PCA, WWF y dos universidades del Caribe colombiano realizaron el primer monitoreo de especies en franjas bananeras y cafeteras. Conoce aquí sus resultados y recomendaciones.

Paisaje cafetero de la Sierra Nevada de Santa Marta. Al fondo, la Ciénaga Grande. © Hugo Wecxsteen/ WWF Colombia

Aunque se estima que el departamento del Magdalena produce el 31% del banano colombiano y la Sierra Nevada de Santa Marta, especialmente en su flanco occidental, es una de las mayores productoras de café orgánico del mundo, sus especies y ecosistemas han sido poco estudiados. Sin embargo, tal productividad solo es posible gracias a la biodiversidad del territorio. Y es que son claves la calidad del suelo donde se siembra, el agua usada para el riego y el procesamiento de los frutos, así como el bosque que alberga un sinnúmero de especies dispersoras de semillas, entre muchos otros beneficios recibidos de la naturaleza. De ahí la necesidad de entenderlos cada vez mejor.

Por ello, luego de varios aplazamientos debido a la pandemia y en medio de retos logísticos, este 2021, en el marco de la Plataforma de Custodia del Agua (PCA), un equipo de 17 investigadores y estudiantes, realizaron un monitoreo de biodiversidad en zonas bananeras y cafeteras de las cuencas de los ríos Frío y Sevilla. Este estudio, pionero para la región, fue liderado por WWF Colombia, con el apoyo técnico de la Universidad del Magdalena y la Universidad del Atlántico, y desarrollado gracias al proyecto “Producción de banano convencional ambiental y socialmente sostenible”, que WWF viene implementando en el territorio desde 2014.

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Pero ¿qué es un monitoreo de biodiversidad?



Biólogos colectando peces. © Yerson Flórez / WWF Colombia

En palabras de Vanessa Torres, bióloga y consultora de WWF como líder local de la PCA, el monitoreo de biodiversidad es “como tomarle una fotografía al estado de ciertos componentes de un ecosistema”. En el caso del estudio realizado en las cuencas de los ríos Frío y Sevilla, el foco estuvo en cinco grupos taxonómicos: mamíferos, aves, peces, macroinvertebrados y plantas. Se abarcaron franjas bananeras y cafeteras, mediante cuatro salidas de campo: dos primeras durante la época seca (febrero-marzo), y un par más, en la de lluvias (junio).

En la zona bananera, ubicada en la cuenca baja, se establecieron siete puntos de muestreo o estaciones, mientras que, en la cuenca media, donde se cultiva café, se localizaron otras cinco. Ambas zonas tuvieron su estación de referencia. “Esta se escoge porque tiene menos intervención y su condición es más cercana al ecosistema original. Eso permite compararla frente a los hallazgos del área de cultivo”, explica Vanessa.

La recolección de datos, información y organismos implementó diferentes métodos: desde la identificación de huellas, heces y pelajes de mamíferos que quedan como rastros en el bosque o los cultivos, junto con el uso de cámaras trampa para tomar imágenes de los animales; hasta la observación de aves y otras especies.

El monitoreo permite conocer temporalmente la variación de algunos atributos biológicos de los organismos de interés, saber cuántas especies hay de cada una de ellas e incluso el estado de calidad ecológica del agua, en este caso”, explica César Enrique Tamaris, docente tiempo completo de la Universidad del Magdalena y líder técnico del estudio. “La presencia o ausencia de especies e individuos y sus abundancias (o cantidades) pueden variar en un ecosistema y son indicadores de su estado de salud”.

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Algunos resultados



Investigadores mostrando pez en el río Sevilla​. © Hugo Wecxsteen/ WWF Colombia

“Este estudio es en uno de los trabajos pioneros para poder conocer las abundancias de las especies en la zona, el estado de conservación de los ecosistemas acuáticos y de la vegetación del bosque ribereño”, destaca César Enrique. Los mamíferos, por ejemplo, son un grupo muy afectado por la ampliación de la frontera agrícola y la deforestación, ya que necesitan un amplio territorio para desplazarse y garantizar su subsistencia. Así pues, aunque en ambos paisajes productivos se encontraron un total de 12 especies, la abundancia de mamíferos fue mayor en el paisaje cafetero, indistintamente de la temporada.

Se encontraron huellas de jaguar en la microcuenca de Guandusaca (zona media), y una cámara trampa registró la presencia de puma (Puma concolor), otro felino que, al igual que el primero, puede considerarse una especie sombrilla cuya protección favorece a todo el resto de ecosistemas. En general, la presencia de mamíferos, sobre todo de carnívoros estrictos y especies de mayor tamaño corporal, están más relacionados con lugares mejor conservados.

En cuanto a los resultados más destacados en el grupo de las aves, nuevamente, el cinturón cafetero mostró mayor riqueza en especies, con 123 identificadas, frente a 78 localizadas en la zona bananera. Adicionalmente, se resalta la presencia de siete especies aves endémicas de la Sierra Nevada y 13 migratorias, provenientes del Norteamérica.

Ahora bien, con respecto a la flora, para el caso de la zona bananera se identificaron 46 especies, frente a 90 ubicadas en la cuenca media, en la región cafetera. Algo muy importante es que, para ambas, "el estudio ya nos dice qué zonas pueden servir de referente para recolección de semillas en posibles ejercicios de restauración a futuro”, confirma Vanessa. 
 

El índice de calidad ecológica del agua


Se observaron 32 especies de peces, de las cuales el 46,9% son endémicas o únicas de la zona. De hecho, se identificó al menos una especie nueva para la ciencia, aunque pueden ser más, pero confirmarlo tomará tiempo. No obstante, más allá de este hallazgo, el monitoreo de peces y de macroinvertebrados acuáticos permitió la configuración de un índice de calidad ecológica del agua. Y es que los macroinvertebrados, que son insectos de mínimo 0,5 mm y que constituyen la dieta de muchos peces, pájaros y anfibios, son también importantes indicadores de la salud de los ríos, debido a su gran sensibilidad frente a cualquier cambio en el entorno.

Los resultados de este índice nos muestran que, en general, en ambas zonas de las cuencas la condición del agua oscila entre regular y crítica”, afirma Dora Milena. “Sin embargo, tanto para la cuenca media como la baja, se evidencia que, en la época de lluvias, este indicador disminuye en algunas estaciones. Es decir, hay mejores condiciones en época seca”.

Esta situación se puede deber a diferentes variables, tanto a acciones humanas como efectos climáticos por aumento o disminución de caudales. Para esto, el estudio propone seguir mejorando las BPA en las actividades productivas. Al mismo tiempo, se debe trabajar en la generación y conformación de corredores biológicos que conecten cuenca media y cuenca baja y les permitan moverse a las especies.
 

No hay monitoreo efectivo sin el conocimiento y la participación locales


Un monitoreo de biodiversidad no es un asunto exclusivo de académicos. Además de los estudiantes e investigadores que cuentan con el saber técnico, es muy importante reconocer el conocimiento local.Cada una de las salidas estuvo acompañada de personas de la región que guiaron a los grupos, apoyaron con los materiales y el transporte y aportaron su conocimiento de la fauna y la flora locales”, destaca Vanessa.

Aunque no sepan los nombres científicos y los llamen por sus nombres comunes, por ejemplo, los empleados de las fincas conocen las especies de su entorno, saben por dónde pasa la zarigüeya o la garza, porque los avistan durante sus quehaceres o incluso en los patios de sus casas, así como dónde están los árboles más grandes o qué plantas existen allí”. Por eso, parte del trabajo durante las salidas de campo incluyó encuestas y entrevistas a los moradores.

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Por su parte, César considera esencial la participación comunitaria en estos ejercicios. “Las comunidades pueden convertirse en un elemento estratégico en estas iniciativas, pues son las que usan directamente los ecosistemas, sobre todo la cuenca media”. En ese sentido, una de las recomendaciones se enfoca en la necesidad de buscar y consolidar alternativas económicas más allá del uso agropecuario del suelo, como el aviturismo y otras formas de turismo de naturaleza.

Asimismo, es necesario seguir “tomando fotografías” de otros grupos como insectos, anfibios, pequeños mamíferos y plantas como las orquídeas. “Estudiar la biodiversidad es un ejercicio dinámico y constante en el tiempo que nos ayuda a direccionar las estrategias y acciones para la conservación y la sostenibilidad del agua y de la producción agrícola en las cuencas de los ríos Frío y Sevilla”, concluye Vanessa.
Biólogos colectando peces.
© Yerson Flórez / WWF Colombia
Para lograr las descripciones de peces incluye el registro fotográfico riguroso de los ejemplares capturados.
© Hugo Wecxsteen/ WWF Colombia
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