¿Por qué los Andes son esenciales para nuestra salud y la del planeta? | WWF

¿Por qué los Andes son esenciales para nuestra salud y la del planeta?

Posted on
26 julio 2020
Esta cordillera majestuosa que tiene 31 millones de hectáreas de bosque no sólo es crucial para la región sino también para el mundo. Aquí les contamos por qué.

Dicen los científicos que si la selva amazónica representa los pulmones del mundo, los Andes son sus venas. Y no es para menos: esta cordillera conecta siete países (Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Ecuador y Venezuela), es el hogar de más de 87 millones de personas y contiene una variedad de ecosistemas excepcionales entre los que se destacan los páramos, bosques nublados y humedales. Solo en Colombia, los Andes generan más de 70% del PIB y proveen de agua y energía a la mayoría de los habitantes del país.

A continuación, compartimos algunas de las ideas del panel “¿Por qué los Andes, por qué ahora?”, realizado por el International Potato Center, en el que participó nuestro director de Conservación y Gobernanza, Luis Germán Naranjo.


Las turberas, esenciales para la captura del carbono y la lucha contra el cambio climático


La humedad y el frío de los ecosistemas elevados de los Andes tropicales crean las condiciones ideales para la conformación de las turberas —tipos de humedales con una capa gruesa de suelo orgánico que se acumula durante miles de años para descomponerse lentamente—, que son estratégicas en la lucha contra el cambio climático por su alta eficiencia en la captura de carbono.

Las 6.5 millones de hectáreas de turberas de esta región, que se encuentran en países como Colombia, Venezuela y Ecuador, no solamente son de gran tamaño, sino que tienen una capacidad de almacenamiento superior a la de otras turberas: los bofedales de páramo alcanzan a almacenar 4 millones de kilogramos de esta sustancia por kilómetro cuadrado, el doble de lo que almacenan sus equivalentes en ecosistemas de la Amazonia.


Un eje para la regulación del clima regional


La capacidad de secuestro de carbono que tienen las turberas no está aislada de otros procesos naturales que suceden en ecosistemas como la puna y los páramos. Estos últimos se encargan de la captación del agua y la regulación de su flujo hacia las tierras bajas, lo que ratifica su importancia para la hidrografía del norte de Suramérica. Además, juegan un papel esencial en la regulación del clima regional, lo que quiere decir que todo el sistema climático de Sudamérica depende tanto del funcionamiento de las tierras bajas amazónicas como de las tierras altas de los Andes.


Fuente para la seguridad alimentaria


Esta región tiene cultivos clave para la seguridad alimentaria de las poblaciones locales y la salud y nutrición mundial, por ejemplo, los de papa, quinua, frijol y maíz. Además, es tal vez el único lugar del mundo con millones de cultivos y variedades inexploradas.

Sin embargo, la agricultura industrial y la globalización han causado una enorme presión sobre los ecosistemas y los productores en las últimas décadas; una problemática que solo puede solucionarse reforzando los sistemas alimentarios y los mercados locales, acortando las cadenas de producción y fortaleciendo la capacidad de las comunidades para que produzcan alimentos y luchen por la soberanía alimentaria más que por mercados globales.


Cuna de un patrimonio cultural y natural


El patrimonio histórico y cultural de los Andes no solo es innegable, sino que también es clave para aprender de las prácticas ancestrales y replantear nuestros sistemas de producción, nuestra relación con la naturaleza y nuestro aporte a la salud planetaria. Este es un lugar que tiene muchas lecciones por compartir con el mundo, pero en especial con quienes lo habitamos. Es importante que todos conozcamos los tesoros que tenemos, reflexionemos sobre esa historia y enfrentamos nuevos desafíos conociendo los errores del pasado para no repetirlos.

La diversidad de los Andes se manifiesta de muchas maneras, no solo en términos de ecosistemas y cultivos, sino también en estilos de vida, formas de ocupación del territorio, etnias, economías, prácticas y medios de vida.

¿Cuáles son las mayores amenazas que hoy enfrenta la región?


Mal manejo y planeación de la tierra: a pesar de que las poblaciones nativas de los Andes supieron hacer un manejo adecuado de la tierra y mantener su integridad ecológica, después de mediados del siglo pasado el panorama cambió, pues muchas personas se vieron obligadas a moverse hacia la parte superior de las montañas y causaron una gran presión sobre los ecosistemas de elevación alta.

Prácticas inadecuadas: actividades humanas como la ganadería y la agricultura mecanizada rompen las turberas y provocan la liberación de carbono a la atmósfera.

Cambio climático: está causando que el nivel freático se reduzca cada vez más en los páramos, lo que disminuye la capacidad de las turberas para almacenar el carbono. Frente a esto, es necesario mejorar los sistemas de gestión de tierras en las partes más altas de los Andes y aumentar la gobernanza territorial, de tal manera que las personas puedan organizarse y producir sin dañar el sistema ecológico que sustenta sus vidas y las de las personas que viven en las partes bajas de las cordilleras andinas.

Desconocimiento sobre la dependencia de las ciudades andinas de los ecosistemas que las rodean: las personas desconocen que la riqueza de la vida en los centros urbanos depende de la salud de los ecosistemas a su alrededor.

Inequidad: la mayor cantidad de poblaciones indígenas en extrema pobreza está en los Andes, además, se estima que el 30% de los niños menores de 5 años sufren de desnutrición, y 6 de 10 son anémicos y necesitan suplementos de hierro.

Extracción de minerales: los depósitos de minerales en las montañas andinas son abundantes y diversos. En Perú está la mina de oro más grande de la región, en Bolivia está la tercera mina con más zinc y plata del mundo, y entre Argentina, Chile y Bolivia se forma el triángulo del litio, un lugar estratégico porque tiene alrededor del 70% de las reservas de este mineral, considerado como una gran fuente de energía limpia. Sin embargo, sus procesos de extracción e industrialización no son muy limpios. Generan altos consumos de agua, contaminación y desechos.
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