“Todos tenemos una voz única y debemos usarla”

Posted on 27 October 2021

Integrantes de dos organizaciones comunitarias del municipio de Belén de los Andaquíes (Caquetá) hicieron parte de un taller de comunicaciones organizado por WWF. Este incluyó módulos de fotografía, video, podcast y narrativas sobre el territorio. ¿Cuáles fueron los resultados de este espacio?
Durante el taller de comunicaciones, los integrantes de la Asociación de Mujeres Ayakuná y la Fundación Tierra Viva no solo recibieron capacitación en fotografía, video y podcast, sino que también se formaron en cómo contar las historias de su territorio. © WWF Colombia

Transformar frutos amazónicos como el asaí, el arazá, el copoazú y la canangucha en mermeladas, pastelería, galletería y pulpas. Esa es la especialidad de las integrantes de la Asociación de Mujeres Emprendedoras Ayakuná, una organización (basada en el municipio de Belén de los Andaquíes, Caquetá) que, como ellas lo explican, surgió para demostrarse que podían usar sus talentos y potencialidades en un proyecto que les generara ingresos para sus familias.

Ese entusiasmo por emprender, las llevó a establecer acuerdos de aprovechamiento de productos no maderables del bosque con los propietarios de algunos predios en su municipio, una actividad que con el tiempo les abrió las puertas en varios espacios de capacitación con WWF: uno de monitoreo comunitario de recursos naturales, otro de restauración forestal y otro más de prevención de incendios forestales.

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Durante los monitoreos comunitarios, identificamos los tipos de cobertura, entre ellas, fuentes hídricas, bosque denso, vegetación secundaria, rastrojos, cultivos, caminos. También hacemos muestreos de herpetos (anfibios y reptiles), flora, aves y mamíferos. La idea es que analicemos la información y sepamos cómo cambian las especies de un lugar a otro, y cómo se pueden aprovechar algunos recursos de manera sostenible”, dice Luisa Millán, consultora forestal de WWF Colombia.

Añade que en algún punto de esos espacios de capacitación surgió la idea de que las mujeres de Ayakuná fortalecieran sus habilidades en fotografía y video y para contar sus propias historias en distintos formatos.

Por eso, en julio, varias mujeres de esta asociación e integrantes de la Fundación Tierra Viva participaron en un taller de comunicaciones organizado por WWF. Este espacio se realizó de manera semi presencial, teniendo en cuenta las restricciones por Covid-19 de ese momento, lo que permitió que las participantes estuvieran de manera presencial en el municipio Belén de los Andaquíes (Caquetá), junto a consultores de WWF Colombia que trabajan apoyando los procesos de monitoreo forestal y de prevención de incendios. Por otra parte, hubo un equipo de facilitadoras de WWF Colombia que se conectó remotamente desde otras ciudades del país, por medio de la plataforma Zoom.

La facilitación del taller se hizo de manera remota, pero las organizaciones participantes se reunieron de manera presencial con el acompañamiento de un equipo de WWF Colombia. ©WWF Colombia

Comunicación propia y local

Un invitado especial del taller fue Alirio González, director de la Escuela Audiovisual Infantil de Belén de los Andaquíes. Esta nació en 2005 como un proyecto de radio comunitaria, a pesar del conflicto armado que vivía la región. Así, Alirio compartió su experiencia realizando cortometrajes junto a las niñas y jóvenes de la propia comunidad e invitó a las organizaciones a dejar “de pensar en que nos vean en Bogotá o las afueras, pues debemos contar historias para la gente de Belén”. Otro de los invitados fue Santiago Rivas, periodista y presentador, quien resaltó que la importancia de las historias radica en el poder que tienen al levantar nuestra voz y darnos un lugar en el mundo.

Las voces de las participantes


El taller de comunicaciones, dice Nayeli Rojas, asociada de Ayakuná, les transformó su visión sobre lo que podían hacer para difundir su trabajo, pues más que para sumar evidencias sobre los monitoreos (esos que permiten priorizar, por ejemplo, sitios para la reforestación), se dieron cuenta de que la fotografía y el video son herramientas poderosas para difundir, en su región y por fuera de ella, la variedad de productos que fabrican.

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Aprendimos mucho y hemos empezado a hacer un registro de todo lo que hacemos. Entendimos que un celular es una herramienta con la que podemos mostrar lo que vamos desarrollando. Y en nuestras redes sociales ya hemos estado publicando algunos de los ejercicios de fotografía y video que hicimos después del taller”, dice Nayeli, refiriéndose al celular que, gracias al respaldo del fondo de empleados de Google, recibieron como un aporte a este proceso.

Además de Ayakuná, integrantes de la Fundación Tierra Viva, organización de Belén de los Andaquíes dedicada a la administración de distintas áreas protegidas del municipio, participaron en el taller. Uno de ellos fue Julián Rojas, quien explica que gracias a este espacio, hoy Tierra Viva tiene mayor claridad con respecto a sus proyecciones en comunicaciones. Estas incluyen darle fuerza a la búsqueda de recursos para el mantenimiento de los parques que administran, así como la promoción de actividades ecoturísticas dentro de estos.

“Una de las cosas que más se quedaron con nosotros después del taller, es una idea que nos compartió Santiago Rivas, quien nos habló del poder de las historias. Nos dijo que todos tenemos una voz única y debemos usarla para contar las realidades de nuestros territorios. Esas narrativas comunitarias son indispensables para crear una memoria de lo que somos y para generar identidad”, cuenta Julián.

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En esto coincide James Murillo, habitante de la vereda Agua Bonita Baja, del municipio de Calamar (Guaviare), quien participó en la primera edición del taller de comunicaciones, a finales de 2020. “Yo no sabía que tenía en mi mano una herramienta que podía ser útil. Tomaba una foto por tomarla. Ya después uno pone en práctica lo que aprende y se da cuenta que con el celular, sin necesidad de una cámara, se puede aprovechar el momento. 

Antes no se me daba por tomar fotos, por sacar videos, pero ahorita con el celular en la mano uno va pensando que qué bueno encontrarse un animalito para registrarlo
”, cuenta.

Esos registros que él y varios de sus compañeros han empezado a hacer de los ecosistemas y especies nativos de su municipio, entre los que se destaca el de varias dantas que intentan cruzar un río, ha inspirado también a los niños de su comunidad a admirar y conservar los recursos que tienen. “Hoy, el compromiso que yo tengo es llevar el conocimiento, eso que yo he aprendido, a las demás personas que conozco para que entiendan lo importante que es para nosotros, y para los animales, la conservación del bosque”, concluye James.

Monitores ambientales


Los procesos de monitoreo en los que participan las personas de esta historia tienen el propósito de evitar la deforestación y prevenir los incendios forestales en pleno corazón de la Amazonia Colombiana. Esto con el apoyo de WWF y la Fundación Príncipe Albert II de Mónaco. Hasta ahora, más de siete comunidades de Caquetá y Guaviare han hecho parte de estos esfuerzos.

Al mismo tiempo, el fondo de empleados de Google hizo una donación de 14 celulares, con la idea de que las distintas comunidades los utilicen como una herramienta para hacer registros durante los monitoreos y, al mismo tiempo, contar historias sobre el trabajo que están haciendo para disminuir la deforestación en las zonas circundantes al Parque Nacional Natural Chiribiquete.

*Este taller fue realizado durante el 13 y 14 de julio de este año.
Gracias al respaldo del fondo de empleados de Google, cada organización recibió un celular que podrán usar como herramienta de producción de contenidos. Esta imagen fue lograda con uno de estos equipos.
© Asociación de Mujeres Ayakuná
Esta imagen fue tomada después de la capacitación por las integrantes de la Asociación de Mujeres Ayakuná, quienes han desarrollado técnicas únicas para preparar sus productos
© Asociación de Mujeres Ayakuná
Las mujeres de Ayakuná hacen aprovechamiento de productos no maderables del bosque como el asaí, el arazá, el copoazú y la canangucha.
© Asociación de Mujeres Ayakuná
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