Las iniciativas de cerca de 80 familias de Cundinamarca para enfrentar el cambio climático

Posted on mayo, 06 2026

Recoger agua lluvia y hacer compost son dos estrategias concretas de adaptación al cambio climático que están transformando la vida de comunidades rurales en el departamento.

En Colombia, la adaptación al cambio climático en comunidades rurales ya no es solo una meta de política pública: es una realidad que se construye desde los techos y los suelos de las fincas campesinas. En municipios de Cundinamarca como Zipacón, Cachipay, Caparrapí y Yacopí, el agua ya no llega como antes.

Las temporadas de lluvia se han vuelto impredecibles, las sequías duran más, y los suelos —castigados durante años— cada vez retienen menos humedad. Para las familias que viven de la tierra, eso no es una estadística: es la diferencia entre una cosecha y un año perdido. 

Por eso, 79 familias de estos municipios están poniendo en práctica dos acciones que, aunque parecen sencillas, tienen un impacto profundo en la forma en que conviven con su entorno natural y en su capacidad de enfrentar un clima que cambia cada vez más rápido. 

Cosecha de agua lluvia: aprovechar lo que el cielo ofrece 

Un sistema de cosecha de agua lluvia es exactamente lo que suena: una canaleta en el techo, una tubería bajante y un tanque de almacenamiento que captura el agua que cae sobre la vivienda. Esa agua, bien conservada, puede usarse para regar la huerta, lavar ropa o limpiar el hogar. No reemplaza el agua potable, pero sí reduce la presión sobre los ríos y quebradas que abastecen estas comunidades rurales de Cundinamarca, muchos de los cuales han bajado considerablemente su caudal en los últimos años como efecto directo del cambio climático. 

Mantener el sistema en buen estado es fundamental para garantizar la calidad del agua. Dos veces al año basta: limpiar la malla de la canaleta, restregar el interior del tanque con una solución de cloro y revisar todo el sistema exterior. Con eso, el agua se mantiene en condiciones óptimas para su uso. 

Compostaje: lo que la tierra produce, vuelve a la tierra 

La segunda estrategia de adaptación es el compostaje. El compost es un abono natural que se obtiene mezclando materiales secos —como hojarasca— con materiales húmedos como residuos de comida y estiércol de animales de la finca. El resultado es un abono vivo, lleno de microorganismos que mejoran la fertilidad del suelo, conservan su humedad y aumentan la productividad de los cultivos, sin necesidad de comprar fertilizantes químicos. 

Te contamos: Compostaje: los residuos se transforman en vida para los suelos

Para las comunidades rurales de Cundinamarca que participan en este proceso, el compostaje no es solo un ahorro económico. Es también una forma de cerrar el ciclo natural: devolver a la tierra lo que ella misma generó. Y en un contexto de cambio climático, suelos más fértiles y húmedos son suelos más resistentes a la sequía. 

La cosecha de agua lluvia y el compostaje son dos respuestas locales a un problema global. Cuando una familia campesina en Yacopí aprovecha el agua de su techo, o cuando una familia en Zipacón transforma sus residuos en abono, no solo está cuidando su finca. Está contribuyendo a construir ecosistemas más resilientes y a demostrar que la adaptación al cambio climático en comunidades rurales de Colombia es posible, práctica y está ocurriendo hoy. 

“La naturaleza es primordial para la salud. En ella encontramos plantas medicinales, aire limpio, agua y alimento. Pero también hay algo que va más allá: cuando uno sale a divisar el paisaje, siente una paz súper bonita. Se le quita el estrés, uno se siente mentalmente libre. Eso es lo que más se refleja en nuestra comunidad”, cuenta Anidaly Bravo Téllez, presidenta de la Junta de Acción Comunal, vereda Brea Castillo en Yacopí.

Estas dos prácticas hacen parte de las acciones de adaptación al cambio climático que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), WWF Colombia y la Fundación Natura están impulsando en el marco del Convenio 3038 de 2024, bajo el programa Agua y Ecosistemas Resilientes. El objetivo es fortalecer la resiliencia de las comunidades rurales: su capacidad de anticiparse, resistir y recuperarse frente a los efectos de un clima que cambia cada vez más rápido. 

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