Los jóvenes se unen a restaurar el PNN Los Nevados | WWF
Los jóvenes se unen a restaurar el PNN Los Nevados

Posted on 26 abril 2021

Con el fin de que las comunidades aledañas y urbanas contribuyan a la conservación de los páramos, una red de jóvenes guía un proceso de apropiación de esta área protegida. Hablamos con su líder para conocer cómo están generando esta transformación en el territorio.
Con el fin de que las comunidades aledañas y urbanas contribuyan a la conservación de los páramos, una red de jóvenes guía un proceso de apropiación de esta área protegida. Hablamos con su líder para conocer cómo están generando esta transformación en el territorio.

Cuando Miguel Soto recuerda su infancia, vienen a su cabeza múltiples escenas: las de las horas que pasó trepándose a los árboles, alimentando aves, visitando museos de ciencia y ecoparques, y viendo documentales de naturaleza. También, las que invirtió en contemplar la imponente belleza del Nevado del Ruiz, ese paisaje en el que no solo empezó a cultivar su amor por el mundo natural, y donde también terminó por convencerse de que tenía que convertirse en su defensor.

Esa convicción lo llevó a estudiar ingeniería ambiental y, posteriormente, a hacer parte de Generación 10 y a promover la restauración participativa del Parque Nacional Natural Los Nevados como integrante de la Plataforma Juvenil de Manizales y la Red Nacional de Jóvenes de Ambiente (RNJA).

“Yo a este páramo le debo mi vida porque mis papás y maestros se han nutrido con el agua y el alimento que produce… El páramo nos enseña interdependencia, y eso me ha dado sentido de pertenencia y el gusto por saber y cuidar”, dice orgulloso, mientras explica de dónde viene la inspiración para trabajar desde la RNJA por la conservación del páramo, un ecosistema que nutre a cerca de 525.000 personas que habitan la cuenca del río Chinchiná y al menos seis municipios.

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Desde 2018, la RNJA trabaja en sinergia con Parques Nacionales Naturales, Corpocaldas y Asdeguías para generar apropiación por el territorio en habitantes urbanos, residentes del páramo y agentes turísticos. Para esto se han vinculado 30 jóvenes que apoyan la restauración del ecosistema en la zona de amortiguación del Parque, cerca a Laguna Negra, donde nace la cuenca del Río Chinchiná. ¿El resultado? Se han sembrado, con seguimiento, más de 300 ejemplares de especies como siete cueros, retamo de páramo y chusque.

Pero al hablar de restauración, los jóvenes se refieren a una labor que va más allá de sembrar: su propósito también es dejar un mensaje crítico frente a las presiones que hoy se ejercen sobre los ecosistemas nativos, entre ellas, la ganadería, el turismo desmedido y los monocultivos. En ese sentido, Olga Quintero, responsable de Educación Ambiental en Corpocaldas, cuenta que en los últimos años estos líderes han trabajado directamente con las comunidades, pero también han desplegado acciones a través de sus plataformas digitales para fomentar el acceso controlado de visitantes a la zona, el compromiso con el cuidado de la fauna y flora, y el manejo responsable de los residuos sólidos.

Para Juliana Osorio, acompañante de este proceso desde Asdeguías, la participación de los jóvenes es clave para la conservación de los ecosistemas, pues su pensamiento crítico y creatividad, y su interés por fomentar economías sostenibles (como el ecoturismo), dejan huella en las estrategias de transformación del territorio. Al respecto, Miguel afirma que: “Más que saber de dónde proviene el agua, es hora de que todos sepan cómo conservarla”.
 

Solo se puede conservar lo que se conoce


El PNN Los Nevados no es un parque más: allí se encuentran tres de los glaciares de Colombia (son en total seis), encargados de proveer agua para cerca de tres millones de personas de cuatro departamentos. Estos ecosistemas en decadencia no sólo son vitales por su producción de agua, sino que también son núcleos de biodiversidad y espacios irremplazables para la conexión espiritual con la naturaleza.

Para Marcela Fernández, líder de Generación 10 y fundadora de Cumbre Blancas (ONG dedicada a la defensa de los glaciares), “los jóvenes debemos reaccionar porque muy pocos hemos reconocido el valor de este páramo y bosque altoandino. Para conservar hay que conocer. Por eso, creo que el gran reto que tiene la gente de esta región es descubrir su territorio más allá de la fama del café”.

Precisamente, sobre los retos, Miguel concluye que es necesario “encontrar sistemas productivos más sostenibles, de modo que el pago por servicios ecosistémicos sea más atractivo para los pobladores que los modelos productivos tradicionales que afectan a la naturaleza. Todo esto debe estar acompañado por una pedagogía que promueva el entendimiento de los procesos que se dan en la cuenca”.
 

Generación 10


Es la primera red global de WWF que conecta a jóvenes latinoamericanos, entre 18 y 34 años, para que puedan volver realidad, en los próximos 10 años, soluciones que permitan mantener la vida en nuestro Planeta. Es una oportunidad para que esta generación pueda llevar sus ideas a la acción, que van desde cambios de hábitos individuales, hasta acciones colectivas o negocios enfocados en la sostenibilidad, mientras aprenden sobre las problemáticas ambientales y sus soluciones.
Cuando Miguel Soto recuerda su infancia, vienen a su cabeza múltiples escenas: las de las horas que pasó trepándose a los árboles, alimentando aves, visitando museos de ciencia y ecoparques, pero también su contemplación a de la belleza del Nevado del Ruiz, ese paisaje en el que empezó a cultivar su amor por el mundo natural, y donde también se convenció de que debería ser su defensor.
© César Augusto Soto
Si hoy fuéramos a los páramos de la zona cafetera, encontraríamos paisajes muy transformados, respecto a los que se encontraban en los años 90. Este es el Cerro Bravo en 1998, uno de los lugares que ha inspirado a jóvenes como Miguel Soto, líder de Generación 10, a motivar la restauración participativa, con el ánimo de que personas aledañas y urbanas se apropien de esta gran riqueza.
© César Augusto Soto
Al repasar fotografías de su infancia y ver a su padre en la Laguna Negra, Miguel se detiene y expresa con gran orgullo: “Yo a este páramo le debo mi vida porque mis papás y maestros se han nutrido con el agua y el alimento que produce… El páramo nos enseña interdependencia, y eso me ha dado sentido de pertenencia y el gusto por saber y cuidar”.
© César Augusto Soto
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