Seis retos ambientales para Colombia en el 2026

Posted on enero, 21 2026

Elecciones, espacios de negociación, Derechos Humanos y paz con la naturaleza, hacen parte de esta serie de desafíos que marcan la agenda ambiental en este nuevo año.

El 2026 marca la cuenta regresiva para alcanzar las metas planteadas para 2030 en materia ambiental. En el escenario global, los espacios de negociación se desarrollarán en un entorno de crisis interconectadas, no solo de carácter climático, sino también económico y geopolítico. En Colombia, que se ha impulsado y liderado ambiciosas iniciativas ambientales en la región, habrá momentos decisivos con elecciones parlamentarias y presidenciales, y un panorama social retador. 

Elecciones y cambios geopolíticos 

En Colombia, las elecciones darán inicio a un nuevo periodo de gobierno y a la conformación de un nuevo Congreso. Foto: WWF Colombia

El contexto geopolítico global atraviesa transformaciones que reconfiguran el multilateralismo y la cooperación internacional. Decisiones recientes, que implican el debilitamiento de compromisos con organismos, acuerdos y marcos multilaterales, generan tensiones en la gobernanza global y afectan la capacidad colectiva para responder a los desafíos ambientales y climáticos actuales. 

En este escenario, América Latina y el Caribe atraviesa un ciclo político marcado por múltiples procesos electorales presidenciales y legislativos. La volatilidad política y la competencia de prioridades en contextos electorales pueden debilitar la acción ambiental si esta no se posiciona como un eje estratégico del desarrollo. 

Para Colombia, el 2026 marca un ciclo electoral que dará inicio a un nuevo periodo de gobierno y a la conformación de un nuevo Congreso. El país se ha posicionado como un actor relevante en la región en asuntos ambientales, aunque persisten desafíos, especialmente en la implementación de compromisos en los territorios, que deberán abordarse con prioridad por la próxima administración. 

Desde WWF Colombia llamamos a las distintas candidaturas a que integren, de manera explícita y transversal, la agenda ambiental en sus propuestas y planes de gobierno, y a considerarla como pilar estratégico para el bienestar, la resiliencia y el desarrollo sostenible del país. 

Eliminación gradual de combustibles fósiles  

En la COP30 de Belém (Brasil), Colombia y más de 35 países se unieron para pedir acciones más contundentes frente a la urgente necesidad de una hoja de ruta para una transición energética justa. Se anunció, también, que los próximos 28 y 29 de abril el país será el anfitrión de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa para alejarse de los Combustibles Fósiles.  

Colombia será el anfitrión de la Primera Conferencia Internacional sobre la Transición Justa para alejarse de los Combustibles Fósiles. Foto: Ministerio de Ambiente.

El encuentro reunirá a gobiernos, actores subnacionales, pueblos indígenas, comunidades, organizaciones de la sociedad civil y otros actores clave, para fortalecer una visión compartida y generar insumos concretos para una hoja de ruta que responda a la urgencia climática y a los principios de justicia social y equidad. Este espacio representa una oportunidad estratégica para abordar una de las principales presiones ambientales que enfrentan los ecosistemas en el mundo y para reforzar el liderazgo regional en la agenda climática. 

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Colombia presenta su Séptimo Informe Nacional de Biodiversidad 

Colombia, como presidencia de la COP16, tendrá la oportunidad de posicionar los resultados y mensajes clave de su séptimo Informe Nacional. Foto: WWF Colombia

En febrero, se presentará su séptimo Informe Nacional de Biodiversidad ante el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), un hito estratégico para el país, pues permite mostrar avances en la implementación del Plan de Acción Nacional de Biodiversidad, evaluar brechas y orientar decisiones para detener y revertir la  pérdida de biodiversidad, así como fortalecer las sinergias con la acción climática y el desarrollo sostenible. Más que un ejercicio técnico, constituye una herramienta de seguimiento y rendición de cuentas sobre los compromisos asumidos a nivel nacional e internacional. 

También en octubre, la COP17 de Biodiversidad, que se celebrará en Armenia (Europa del Este), será el principal espacio político para proyectar avances en la reducción de pérdida de naturaleza. En este escenario, Colombia, como presidencia de la COP16, tendrá la oportunidad de posicionar los resultados y mensajes clave de su séptimo Informe Nacional, reafirmando un liderazgo enfocado en la implementación efectiva del Marco Global de Biodiversidad Kunming- Montreal. 

La presentación del informe se da en un contexto global crítico. WWF, a través del Informe Planeta Vivo 2024, registró que el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre analizadas se ha reducido en un 73%. También en octubre próximo, presentará la edición 2026 de este reporte. 

Derechos humanos y paz con la naturaleza  

La degradación ambiental y la pérdida de biodiversidad son factores que pueden afectar la seguridad y exacerbar situaciones de conflicto. A su vez, los conflictos sociales y socioeconómicos pueden llevar a una mayor degradación ambiental. Ante este panorama, 2026 exige seguir elevando la voz de los liderazgos territoriales, incluidos pueblos indígenas, afrocolombianos y comunidades campesinas, el respeto por sus saberes y la garantía de sus derechos.  

El país deberá mostrar avances en la implementación de la Ley 2273 de 2022, por medio de la cual se aprobó el Acuerdo de Escazú. Foto: WWF Colombia

Si bien en 2025 las Entidades Territoriales Indígenas avanzaron hacia su consolidación en Colombia, los retos siguen siendo evidentes, especialmente en materia de seguridad.  

Colombia sigue siendo el país con más personas defensoras del ambiente amenazadas, desaparecidas y asesinadas del mundo, un asunto prioritario que se deberá abordar en abril durante COP de Escazú, en Chile. Allí, Colombia deberá mostrar avances en la implementación de la Ley 2273 de 2022, por medio de la cual se aprobó el Acuerdo en Colombia. 

2026, el año de las sabanas y los pastizales 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) definió el 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y Pastores, una iniciativa que busca visibilizar el valor ecológico, climático, cultural y económico de estos ecosistemas, y fortalecer la influencia política que permita asegurar su conservación y manejo sostenible. Los pastizales y las sabanas siguen siendo algunos de los ecosistemas más transformados, subvalorados y menos protegidos del planeta, pese a su importancia para la biodiversidad, el clima y los medios de vida tradicionales. 

Los pastizales y las sabanas siguen siendo algunos de los ecosistemas más transformados, subvalorados y menos protegidos del planeta. Foto: Julián Manrique / WWF Colombia.

En Colombia, las sabanas de la Orinoquia, la región que abarca la cuenca del río Orinoco -abundante en recursos hídricos, y fundamental para la producción de alimentos y clave frente al cambio climático por el carbono que almacenan sus suelos- son de especial importancia por su conectividad con los Andes y la Amazonía, lo que la hace esencial para su equilibrio ecológico y climático.   

Sin embargo, las sabanas naturales enfrentan fuertes presiones ambientales, como la pérdida de biodiversidad causada por su transformación a usos agrícolas, lo que suma a la desaparición de al menos 200.000 hectáreas de ecosistemas cada año en la Orinoquia colombiana. A esto se suman el avance de proyectos de infraestructura y de actividades extractivas, entre ellas la exploración y explotación de hidrocarburos.

Listo el Tratado de Alta Mar  

El pasado 17 de enero entró en vigor el Tratado de Alta Mar (formalmente el Acuerdo sobre la Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional - BBNJ), un mecanismo jurídicamente vinculante que permitirá crear áreas marinas protegidas acordadas a escala mundial y reforzar las evaluaciones de impacto ambiental para actividades como la pesca, el transporte marítimo, el tendido de cables o la extracción de recursos.  

Además, mejora la transparencia, fomenta la cooperación científica y establece el principio de una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos. 

Esto representa un paso esencial para alcanzar el objetivo mundial de proteger el 30 % de los océanos para 2030, tal y como se acordó en el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. En la actualidad, un 9,6 % de la superficie marina está protegida, pero solo algo más del 1 % de la alta mar -las llamadas ‘aguas de nadie’, que cubren el 64% del planeta- lo está, a pesar de su importancia para la salud del planeta y de los seres humanos, así como para la economía.  

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