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Resumen ejecutivo

El Informe Planeta Vivo de WWF se publica, desde 1998, cada dos años y ha sido aceptado como el documento más importante sobre la salud de nuestro Planeta. El informe combina el Índice Planeta Vivo (IPV) - recopilado por la Sociedad Zoológica de Londres (ZSL en sus siglas en inglés) -, que utiliza poblaciones de especies animales como un indicador del estado de la naturaleza, con los cálculos de la Red de la Huella Global (GFN) sobre la Huella Ecológica y la Biocapacidad disponible a escala individual, nacional y global. Por primera vez, el informe incluye, además, datos sobre la huella hídrica, relativa al volumen de agua consumido por los individuos.

La actual crisis económica global no es más que un serio recordatorio de las consecuencias de vivir más allá de los recursos disponibles. Pero la recesión financiera actual no es nada en comparación con el desplome de los créditos ecológicos que se avecina. Nuestro medio de subsistencia y nuestra propia vida, vivamos cerca de un bosque o en plena ciudad, dependen de los servicios que proporcionan los sistemas naturales de la Tierra.

El Informe Planeta Vivo 2008 nos muestra que estamos consumiendo muy deprisa los recursos que proporcionan esos servicios, mucho más deprisa de lo que pueden reponerse. De la misma forma que el gasto imprudente está provocando la recesión, el consumo imprudente está agotando el capital natural del mundo hasta un punto en el que estamos amenazando nuestra prosperidad futura.

La Huella de la Humanidad y la capacidad de la Tierra

Nuestra huella global excede actualmente la capacidad de regeneración de la Tierra en un 30 por ciento. Si nuestras demandas sobre el Planeta continúan a este ritmo, a mediados de la década del 2030 necesitaremos el equivalente a dos planetas para mantener nuestros estilos de vida. Y el Informe de este año ofrece, por primera vez, el impacto de nuestro consumo de recursos hídricos y nuestra vulnerabilidad a la escasez de agua en muchas zonas.

Estas tendencias globales tienen consecuencias muy concretas, las cuales hemos visto este año en los titulares de prensa. Los precios globales de muchos cultivos han alcanzado valores máximos históricos, en muchas partes debido a la demanda creciente de alimento, pasto y biocombustibles y, en algunos lugares, a la disminución de aportes hídricos. Por primera vez en la historia, durante el pasado verano, la capa de hielo ártico estaba rodeada de agua, desapareciendo literalmente por el impacto de nuestra huella de carbono.

Las emisiones de carbono procedentes de la quema de combustibles fósiles y la deforestación son la principal causa de la huella de la humanidad que, además, está detrás del cambio climático. El análisis de la GFN sobre la Huella Ecológica - el área requerida para producir nuestros recursos y capturar nuestras emisiones, expresada en hectáreas globales (hag) de tierra o mar productivos- ofrece el dato de 2,7 hectáreas globales por persona. El área per capita actualmente disponible, es decir, la biocapacidad, es de 2,1 hag.

Las cinco huellas nacionales por persona más altas del mundo son los Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos, Kuwait, Dinamarca y Australia; y las más bajas son Bangladesh, Congo, Haití, Afganistán y Malawi.


La biocapacidad está distribuida de forma muy desigual, con ocho países - Estados Unidos, Brasil, Rusia, China, India, Canadá, Argentina y Australia- que tienen más de la mitad del total mundial. Los patrones de población y consumo hacen que tres de estos países sean deudores ecológicos, es decir, con huellas más elevadas que su biocapacidad nacional: Estados Unidos (huella 1,8 veces mayor que su biocapacidad), China (2,3 veces) e India (2,2 veces). A escala regional, solamente los países de Europa fuera de la UE, África y Latinoamérica y el Caribe, permanecen dentro de su biocapacidad.

La crisis del crédito ecológico es un reto global. El Informe Planeta Vivo 2008 nos dice que más de las tres cuartas partes de la población mundial vive en países que son deudores ecológicos, es decir, que su consumo nacional ha excedido la biocapacidad del país. De esta manera, la mayoría de nosotros estamos sosteniendo nuestros estilos de vida y crecimiento económico utilizando (y, cada vez más, sobreutilizando), el capital ecológico de otras partes del mundo.

Para el caso de Colombia, los resultados son parcialmente alentadores: aunque su huella ecológica promedio es de 1,3 hag y su biocapacidad actual es de 3,7 hag - lo que supera el promedio mundial-, es evidente una pérdida acelerada de esta última desde 1960, estimada en casi 9 hag.

Frente al cambio climático, Colombia hace parte de los países que producen menos del 2,5 por ciento de las emisiones globales. No obstante, sí es uno de los más afectados, y como evidencia de ello están la pérdida de especies y la desaparición de la mayoría de nuestros nevados, glaciares y páramos. Esto es aún más grave si se tiene en cuenta que cerca del 60% de la electricidad de los países andinos es generada a partir de las fuentes hídricas de estos ecosistemas.

Estados Unidos y China tienen las huellas nacionales más elevadas, abarcando cada uno cerca del 21 por ciento de la biocapacidad global. Por si fuera poco, los ciudadanos estadounidenses necesitan cada uno una media de 9,4 hag (4,5 planetas Tierra si la población mundial tuviera patrones de consumo como EE.UU.) mientras los chinos utilizan una media de 2,1 hag por persona (un planeta Tierra).

Estos datos contrastan con países como Congo, que con la séptima biocapacidad por persona más elevada del mundo (13,9 hag/pp) y una media de huella de tan sólo 0,5 hag/pp, está encarando un futuro de degradación de su biocapacidad debido a la deforestación, la creciente demanda de una población en aumento y las presiones de la exportación.

Demanda de agua, disponibilidad y estrés hídrico
El nuevo indicador de la huella hídrica muestra la importancia del agua utilizada como materia prima en productos como, por ejemplo, una camiseta de algodón, que necesita 2.900 litros de agua para su producción, un kilogramo de azúcar de caña que requiere 1.500 litros o un kilo de carne que consume 15.500 litros. Esta huella hídrica representa un avance notable en relación a otros datos previos que sólo reflejaban el consumo directo de agua.

Cada persona gasta en promedio 1.24 millones de litros de agua cada año (aproximadamente, la mitad de una piscina olímpica), con cifras que varían entre los 2.48 millones de litros por persona/ año en Estados Unidos hasta los 619.000 litros anuales per cápita de Yemen. En relación a la huella hídrica por persona, cinco de los diez países con la huella más elevada del mundo son del Mediterráneo (Grecia, Italia, España, Portugal y Chipre), un área que tiene cada vez un mayor estrés hídrico.

El impacto de una huella hídrica depende completamente de dónde y cuándo se extrae el agua. Es muy improbable que el uso del agua en una zona donde abunda el recurso afecte de forma negativa sobre el medio ambiente, mientras que en áreas donde hay escasez, ese mismo nivel de uso del agua podría provocar la desecación de ríos y la destrucción de ecosistemas, con la pérdida asociada de biodiversidad y medios de subsistencia.

Unos 50 países están sufriendo actualmente un estrés hídrico severo o moderado y el número de personas que sufren escasez anual o estacional de agua podrían aumentar debido al cambio climático.

Cómo responder al reto
La buena noticia es que disponemos de los medios para revertir la crisis del crédito ecológico; no es demasiado tarde para impedir una recesión ecológica irreversible. Este informe identifica las áreas clave donde necesitamos transformar nuestros estilos de vida y economías para situarnos en una trayectoria más sostenible.

El reto puede parecer abrumador a veces, por eso se ha introducido el concepto de "cuña de sostenibilidad" para abordar los excesos ecológicos que provocan los diferentes sectores y amenazas. Este análisis de cuñas nos permite descomponer los distintos factores que contribuyen al exceso y proponer diferentes soluciones a cada uno.

Para el reto ambiental más importante, el cambio climático, el Modelo de Soluciones Climáticas de WWF utiliza un análisis de cuñas con el fin de mostrar que la eficiencia energética, las energías renovables y la disminución de emisiones podrían satisfacer las demandas energéticas para el año 2050, con una reducción de las emisiones de carbono entre el 60 y 80 por ciento.

Para alcanzar el éxito se necesita que gestionemos los recursos en términos de naturaleza y a escala de la naturaleza. Esto significa que las decisiones en cada sector, como la agricultura o la pesca, se deben tomar considerando las consecuencias ecológicas. También significa que debemos encontrar la forma de gestionar más allá de nuestros propios límites - cruzando los linderos y fronteras políticas - para cuidar los ecosistemas como un todo.

Hace casi cuatro décadas que los astronautas del Apolo 8 hicieron la famosa fotografía de la Tierra desde la Luna, la primera imagen del planeta Tierra. En tan sólo dos generaciones, el mundo ha pasado del crédito ecológico al déficit ecológico.

La especie humana tiene un reconocido historial de ingenio y resolución de problemas. Ahora, debemos mantener el mismo espíritu que hizo posible que el hombre llegara a la Luna, para liberar a las futuras generaciones de una deuda ecológica de catastróficas consecuencias.