La estatua del Cristo en Río de Janeiro repentinamente se oscurecerá. Lo mismo sucederá con el puente Golden Gate, la torre Eiffel y la Table Mountain de Sudáfrica.
Desde San Francisco hasta Shanghai, desde Estocolmo hasta Sydney, decenas de millones de personas se están preparando para La Hora del Planeta, cuando el sábado (28 de marzo) a las 8.30 PM apaguen sus luces para enviar a los líderes políticos mundiales una señal que no podrán pasar por alto, sobre las demandas que la gente está haciendo frente al cambio climático.
Una idea lanzada hace dos años por la oficina de WWF en Sydney en el intento de impulsar a políticos australianos recalcitrantes frente a la toma de decisiones efectivas para mitigar el cambio climático, ahora se ha convertido en un propósito mundial.
Cerca de dos millones de residentes de Sydney apagaron sus luces en 2007. En 2008, 371 ciudades en 35 países se unieron al espectáculo, y el número de participantes ascendió a unos 53 millones. Este año, más de 1700 ciudades en más de 80 países se han unido, con lo que se estima la participación de cerca de mil millones de personas.
El secretario general de las Naciones Unidas Ban Ki-moon ha instado a la gente a participar en La Hora del Planeta, sumándose a una cantidad de personajes públicos, lo que el Arzobispo Desmond Tute (premio Nóbel de Paz en 1984 y otro protagonista del evento), describe como un voto mundial por la acción contra el cambio climático y potencialmente “uno de los mayores movimientos sociales que el mundo haya presenciado jamás”.
“El cambio climático es la mayor crisis inducida por el hombre que el mundo enfrenta actualmente. No discrimina raza, cultura ni religión. Afecta a cada ser humano en el planeta,” dijo el Arzobispo Tutu en una declaración emitida por WWF. “Si todos llevamos adelante este sencillo acto juntos, enviaremos un mensaje demasiado poderoso a nuestros gobiernos para ser ignorado.”
La urgencia de este acto y el mensaje que manda se potencia con la crisis financiera mundial. “Muchos líderes políticos no están oyendo las demandas públicas de toma de acción en torno al cambio climático que requieren escuchar, y de eso se trata La Hora del Planeta”, dice James Leape, director general de WWF.
“Lo que se escucha de muchos líderes es ‘no estamos escuchando una demanda de nuestros votantes respecto a priorizar este tema, lo que estamos escuchando de ellos es arreglar la economía’”, agrega Leape. “El peligro en la crisis financiera es que va a ser usada como excusa para diferir acciones contra el cambio climático”.
Científicos advierten que esa es una opción llena de riesgo. “Todas las señales del sistema terrestre y del sistema climático nos muestran que estamos en un camino de enormes e inaceptables consecuencias”, dijo Katherine Richardson, organizadora de una conferencia en Copenhague a inicios de mes para revisar los más recientes datos sobre cambio climático.
“El cambio climático no es un tema que desaparecerá”, dice Leape. “Cada año descargamos más y más carbono a la atmósfera, que se queda allí por mucho tiempo. Cada año demoramos tomar acciones, los costos se elevan y las probabilidades de ser exitosos en reducir emisiones se reducen. Es por ello que debemos tomar medidas ya”.
La Hora del Planeta de este año sucede en un momento particularmente propicio, justo días antes de la cumbre G20 en Londres. Los activistas esperan ayudar a incluir el cambio climático al tope de la agenda internacional, actualmente dominada por la crisis financiera mundial, y en este proceso generar el momento político necesario para que los gobiernos se pongan de acuerdo en acciones agresivas para detener emisiones de carbono en la cumbre sobre cambio climático de las Naciones Unidas en Copenhague en diciembre.
La cumbre de Londres, enfocada en coordinar respuestas a la crisis financiera mundial, no será la ocasión para decidir sobre acciones referidas al cambio climático, pero sus líderes deben reconocer que la recuperación económica y el cambio climático son complementarios, no prioridades que compiten entre sí, dice Leape.
De hecho, el cambio climático debe ser central en las iniciativas de recuperación económica, argumenta Nicholas Stern, el economista británico asignado por el Primer Ministro Gordon Brown para evaluar el impacto del cambio climático y presidente de un instituto de investigación que estudia el tema. Los gobiernos deben asegurar que los miles de millones de dólares que están invirtiendo en paquetes de incentivo no encierren sus economías en tecnologías costosas e insostenibles.
Adicionalmente, la cumbre de Londres representa una oportunidad de enfocar a los líderes de las mayores y más ricas economías mundiales en lo que deben hacer y promover acciones previas a Copenhague en diciembre.
“La cumbre puede concluir que el cambio climático es un problema que debe ser atendido este año”, dice Leape, “que los países industrializados deben comprometerse a metas agresivas de reducción de emisiones de carbono, que todos los países deben comprometerse a un crecimiento bajo en emisiones de carbono en el mundo en vías de desarrollo y que los países industrializados deben implementar mecanismos financieros robustos que viabilicen esto”.
En Copenhague, destaca Leape, los países industrializados deben acordar reducir sus emisiones de carbono en un 25 a 40% respecto al nivel de 1990 hasta 2020, los países en vías de desarrollo deben reconocer la importancia de sus emisiones y aceptar participar en las reducciones, los países con bosques tropicales deberán aceptar y actuar para reducir la deforestación, y las economías desarrolladas deberán encontrar en el orden de 100 mil millones de euros anuales hasta 2020.
Lograr consenso en torno a estos objetivos es un reto formidable en el prevaleciente ánimo de crisis e incertidumbre, pero Leape aún ve varias influencias positivas: un reciente estudio de McKinsey & Co. subraya que los costos para migrar a una economía baja en emisiones de carbono son eminentemente accesibles; de hecho, países como China, Corea del Sur y EE.UU. ya están invirtiendo fuertemente en medidas de estímulo verdes; un tercer factor de importancia crítica ha sido advenimiento de un nuevo gobierno en EE.UU.
“Ha sido muy difícil para la comunidad internacional progresar en este tema encarando la resistencia de EE.UU. durante los pasados ocho años”, dice Leape de WWF. “Con EE.UU. entrando al juego, ahora tenemos el potencial de masa crítica. Le ha dado a la gente nuevas esperanzas de que podemos unirnos en torno a esto en los plazos que nos hemos fijado”.
Ahora depende de los políticos alrededor del mundo si lo hacen o no. Al apagar las luces para La Hora del Planeta, el Arzobispo Tutu resalta que el público les dirá “los ojos del mundo están mirando.”
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