© WWF Colombia / Emilio CONSTANTINO
Estas montañas albergan a la danta, una especie seriamente amenazada.
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La palma de cera endémica hace parte de la selva nublada de la región.
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La abundancia de flora colorea el paisaje del Piedemonte Andino-Amazónico.
Por: Emilio Constantino, Consultor WWF Colombia
Enrumbando hacia el sur y dejando atrás al valle del Cauca y los Farallones de Cali, aún es posible tener evidencias de la riqueza biológica que albergó esta interesante ecorregión, como restos de sabanas, algunos humedales, selvas de galería y varias aves asociadas a estos ecosistemas: iguazas, patos, garzas, pellares, ibis.
El resto, desde el Quilichao hacia el norte, el Alto Cauca ha sido transformado en un monótono cañaduzal. Desde aquí, la carretera empieza a ascender hacia el altiplano del Pubenza o de Popayán, donde vemos algunos robledales, perdidos entre bosques de pinos y eucaliptos. Este altiplano, parte del Macizo Central, prolonga una espina, la cuchilla del Tambo, que une como un puente las cordilleras Central y Occidental a la vez que divide los valles, antes contiguos, del Cauca y el Patía.
Estas dos ecorregiones, netamente cálidas, bastante estacionales y secas, están rodeadas por selvas nubladas sobre los 1600 msnm. Aparte de los pocos robledales que aún persisten, la región aquí esta igualmente muy intervenida y habitada.
Luego de dos horas en carretera desde Cali, y a las puertas de Popayán, se enruta hacia el Alto Magdalena, donde nace el río de las Tumbas, el Huacasmayo, para que, atravesando el Macizo Colombiano por el medio del Parque Nacional Natural (PNN) del Puracé, poder pasar del alto Magdalena al Alto Caquetá y de ahí al Alto Putumayo, ya sobre la vertiente amazónica y en la laderas de la cordillera Oriental.
El ascenso deja atrás a Popayán y se acerca a la ruta del Nevado Puracé, cruzando por Paletará rumbo hacia San José de Isnos, en el Huila; "la trocha" le dicen los conocedores, pero realmente es una paradoja, pues la carretera permite adentrarse en el corazón de extensas selvas de montaña bien conservadas, mientras parte en dos al PNN y al hábitat de especies tan raras y amenazadas como el venado conejo, la danta de montaña, el oso andino y el cóndor. ¿Cómo permitieron hacer esta carretera? por suerte está en pésima condiciones (para el promedio) , pero sigue siendo utilizada por comerciantes y ganaderos del Huila para comunicarse con el Cauca y Cali.
Si se continúa avanzando, aparecen las cascadas y fragmentos de selvas de montaña, entonces tomamos la senda derecha hacia la antigua hacienda de los Coconucos, laderas del volcán, pues la senda izquierda sube al propio Puracé y luego de cruzar el extenso páramo desciende hacia la Plata, en las laderas del nevado del Huila hacia el Magdalena.
Luego del fuerte ascenso en medio de potreros y cultivos, aparece el páramo, bastante transformado a lo largo de la carretera pero aún bien conservado en sectores más alejados y hacia las laderas del cono volcánico del Puracé. Siguiendo hacia el sur oriente nos alejamos de los poblados y pronto estamos en medio de un páramo húmedo muy bien conservado, con selvas y el cono del pan de Azúcar; a lo lejos, el Sotará vigila al Alto Patía.
Puyas gigantes de flores azules sobresalen entre los frailejones y entre estos muchas orquídeas. Luego, aún sobre los 3000 msnm llega la selva, húmeda y fría, pero iluminada por muchas flores de bromelias; igualmente flores de ericáceas, anturios, melastomatáceas y Bomarea, desde las grandes anaranjadas hasta las miniaturas amarillas y rojas; los árboles cargados de epífitas, musgos Sphagnum en taludes y rocas; orquídeas como Odontoglossum, Epidendrum, Oncidium los mas obvios, pero abundantes las Masdevallia, Lepanthes y Pleurothallis sobre las ramas. La palma Geonoma weberbauerii es única a estas altitudes, y aquí es abundante.
Zona de danta de montaña PROTEGELAS, dice un letrero amarillo a orillas de la carretera, con el dibujo de lo que pareciera una danta juvenil; pronto es posible ver sus trochas que salen a la carretera; senderos que también utilizan osos, venados y otros animales poco conocidos y que en estas montañas tienen sus últimas poblaciones: el lobo andino, la pacarana, la boruga de montaña, el churuco de montaña, el tigrillo y el puma; son frecuentes los cusumbos Nasuella olivacea que viven en grandes grupos, hurgando a orillas de la carretera; también la tayra, la comadreja y el zorro.
El río Mazamorras corta de manera dramática el paisaje, tallando una garganta muy profunda en la montaña, cuyas paredes están totalmente cubiertas por epífitas. Ya estamos en la vertiente del Huacasmayo; y a medida que descendemos aparecen unas espectaculares selvas nubladas con palmares de Ceroxylon parvifrons, otra especie de palma de cera endémica. Al acercarnos a Isnos, los sietecueros dominan el paisaje, incluso con variantes de color azul y rosado; estamos en el territorio de las Huacas sagradas de San Agustín y de la Cattleya trianae, a 1600 msnm.
De San Agustín ascendemos nuevamente, rumbo sur, para cruzar por su sector mas bajo, a la cordillera Oriental; espesos robledales flanquean las laderas del Alto Magdalena, infortunadamente siendo talados para el paso de cables de energía, la nueva carretera y otras obras de la ingeniería estatal; de nuevo las selvas nubladas y muy húmedas, y aparece otra zona con palmares de la chonta bombona, Dictyocaryum lamarckianum, gigantescas y espectaculares; estamos en el poblado de San Juan de Villalobos y la divisoria entre la Amazonía y la cuenca Magdalénica, a 2200 msnm.
La carretera, con pocos años de haberse construido, parece estar en ruinas, por la cantidad de derrumbes y hundimientos; cruza espesas selvas de montaña, que a medida que se desciende, son sustituidas las palmas bombonas por las barrigonas Iriartea deltoidea, otra palma de porte majestuoso y madera de chonta finísima. Los árboles son gigantes, con muchísimo epifitismo; las aves, abundantes, son igualmente especies selváticas: caciques de montaña, tucanes, tángaras, cotingas y rapaces como el halcón murcielaguero y el milano de cola de tijera, observado en una migración ascendente de más de trescientos individuos.
Pronto aparecen la cuenca del Alto Caquetá, las trochas a ras de las nuevas líneas de interconexión eléctrica y la serranía de Los Churumbelos, recientemente declarada como PNN, pero ya flanqueada por las talas recientes de colonos y ganaderos; pronto se abre el horizonte, la selva se torna de porte inmenso, abundan las Rubiáceas, aparecen los mochileros y estamos en Mocoa, la capital del Putumayo, a 600 msnm.
En total fueron quince horas de carretera, en un campero 4x4, desde Cali, haciendo escala en San Agustín; en total 440 kilómetros hasta Mocoa. Dos días bien intensos por seis ecorregiones, todas consideradas como de las más biodiversas de los Andes, de Colombia y por ende, del Planeta. El regreso a Cali se hizo por la misma ruta, aunque la otra alternativa es ascendiendo de Mocoa al valle del Sibundoy, luego a La Cocha, en Nariño y de ahí tomar la ruta del Patía, una ecorregión bastante seca, para continuar hacia el Cauca, por la carretera Panamericana. El transecto Mocoa La Cocha es, poniéndolo en términos modernos, eco-x-tremo! y no recomendable ni para los que se marean ni para los que les da miedo.
Z. Firmi
August 28, 2010 - 17:05
Alexander
June 11, 2009 - 23:22