Celebremos Los Océanos | WWF

Bosques de manglares, arrecifes coralinos, pastos marinos, riscales, fuentes hidrotermales, montañas marinas…. Estos son algunos de los ecosistemas que yacen bajo nuestros océanos, las aguas donde surgió la vida en el planeta, hace más de 3500 millones de años.

Los ecosistemas marinos proporcionan inmensos beneficios –también llamados servicios ecosistémicos- a los seres humanos. Por ejemplo, producen el 50% del oxígeno del planeta; suplen el 17% de la proteína animal que sustenta nuestra seguridad alimentaria, a lo cual se le suma que 200 millones de personas viven directamente de la pesca.

Los servicios de los océanos:  

Los ecosistemas marinos en buen estado de conservación tienen excelente salud (integridad) ecológica que garantiza los procesos de generación, mantenimiento y productividad de la diversidad biológica que soportan. Esta es la base para que se cumplan los otros tres tipos de servicios de abastecimiento, regulación y culturales y sociales.

Además de que las pesquerías son una enorme fuente de alimento para los seres humanos, también son la base de la economía de muchos países. E incluso, ante la escasez de agua, en distintas zonas del planeta se utiliza agua de mar para desalarla y generar agua potable.

Las microalgas marinas, también llamadas fitoplacton, tienen la capacidad de absorber dióxido de carbono, transformándolo en oxígeno, evitando así que acumule más en la atmósfera. Es decir, nuestros océanos tienen un papel fundamental en los patrones climáticos y en los efectos del cambio climático y el calentamiento global. Por si fuera poco, los océanos soportan y limpian las aguas costeras, y absorben y dispersan contaminantes de actividades realizadas en los continentes.

El turismo es una de las industrias de más rápido crecimiento en las últimas décadas. Y son cada vez más las personas que buscan experiencias en paisajes hermosos propios de ecosistemas bien conservados. Pero además, para muchas comunidades ancestrales, las zonas costeras y marinas no solo constituyen la base de su subsistencia, sino que también guardan profundos significados para su mundo social, cultural y espiritual.
 

© Antonio Busiello/WWF Guatemala/Mesoamerica

Áreas marinas protegidas, áreas de vida

Para conservar esta  riqueza natural y garantizar los servicios ecosistémicos de los océanos, se han creado las áreas marinas protegidas (AMP), zonas delimitadas donde las actividades humanas se regulan bajo criterios legales, y con diversos grados de manejo que van desde algunos tipos de normativas para uso hasta la prohibición total de actividades humanas.

Las AMP pueden ser locales y regionales, como el Distrito Regional de Manejo Integrado Golfo de Tribugá Cabo Corrientes, en el Pacífico chocoano; nacionales, como el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y San Bernardo, en nuestra costa Caribe;  e incluso con categorías internacionales, como la Reserva de Biósfera Sea Flower, en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

Aunque, en general, las áreas protegidas tienen como propósito la conservación de uno o varios ecosistemas de una zona en particular, el caso de las AMP encierra otro tipo de desafíos. En los mares los hábitats no son muy precisos y es difícil establecer límites y restricciones. Además, la movilidad propia de las especies marinas y sus rangos de desplazamiento son mucho más amplios que en los ecosistemas terrestres.

Por eso, para determinar zonas de protección en las costas y océanos, son cruciales tanto criterios biológicos y ecológicos, como valores socioeconómicos asociados a actividades comerciales. Los ecológicos se refieren, por ejemplo, a la salud de los ecosistemas, a la variedad de hábitats y a la presencia de especies particulares o en peligro; así como a la existencia de áreas de salacunas donde muchas especies ponen sus huevos o dan a luz, o son zonas de alimentación y refugio, como manglares, esteros y arrecifes de coral.

En cuanto a los otros criterios, estos se basan en la contribución económica (potencial o existente) para actividades de recreación y turismo, comerciales y de subsistencia como la pesca; y en la importancia sociocultural, cuando hay valores para comunidades locales, muchas de ellas ancestrales, por sus cualidades históricas, patrimoniales y estéticas, como es el caso de muchos territorios de comunidades negras e indígenas en nuestro país.

Pero un AMP, por sí sola, no puede lograr sus objetivos de conservación. No son islas de protección, sino que requieren conformar sistemas, es decir, que trabajen el conjunto de AMP, los actores sociales e institucionales y las estrategias e instrumentos. En Colombia, al momento, contamos con 31 AMP, y se viene trabajando en la articulación de un Subsistema de Áreas Marinas Protegidas (SAMP) que permita lograr la conservación y el uso sostenible de nuestros ecosistemas marinos y costeros.

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