Viajeros frecuentes | WWF

Viajeros frecuentes

Posted on
10 mayo 2017
De Alaska a la Patagonia, pasando por Centroamérica, el Caribe y los Andes, así es la increíble aventura trasnacional de las aves migratorias*.
 

* Este artículo fue originalmente publicado en la edición 40 de Avianca en Revista. Fotos de Rodrigo Gaviria Obregón y asesoría de Luis Germán Naranjo, Director de Conservación de WWF-Colombia.
 

Kathleen Coyle la vio en junio de 2015, a orillas de la Bahía Hudson, al noreste de Canadá. En diciembre de ese año, el turno fue para Orlando Jarquín cerca al lago Nicaragua. Dos meses después, a pocos kilómetros de Ibagué, en Colombia, se cruzó con Felipe Espinosa, y en febrero de 2016, el afortunado fue Jill Gaetzi en playa Penino, en los suburbios de Montevideo. Ninguno de los cuatro se conoce, pero todos ellos, armados de binoculares, telescopios y cámaras, vivieron la misma emoción: lograron ver un Águila Pescadora, un ave rapaz que cada año vuela miles de kilómetros desde Norteamérica para pasar la temporada del invierno boreal en Suramérica.
 

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Estos cuatro apasionados están entre los más de 100.000 usuarios mundiales que tiene eBird, una aplicación que cualquiera puede descargar en su celular para registrar todas las aves que ve, ya sea camino a la oficina, en un picnic familiar, yendo a trotar al parque, en una excursión de turismo ornitológico o en una expedición profesional de biólogos. Como explica Luis Germán Naranjo, director de conservación de WWF Colombia y ‘pajarero’ asiduo, “eBird revolucionó el mundo de los observadores de aves. Cada uno, en tiempo real, registra qué vio, cuándo y dónde. Se arman rankings por personas, por regiones y por países. Pero más allá del aspecto competitivo, es una base de datos gigantesca, es ciencia ciudadana donde hay un conocimiento compartido. Algo muy útil para estudiar las aves migratorias, que por su naturaleza trasnacional han sido más difíciles de conocer”.

Gracias a esta plataforma, lanzada a nivel mundial en 2010, se puede saber cuándo las más de 300 especies migratorias que vuelan por todo el continente americano prenden motores, cuáles son sus pistas de embarque, sus rutas aéreas, sus hubs, sus sitios de retanqueo y sus terminales. Eso permite tomar decisiones bien informadas, y lanzar campañas muy precisas para recuperar espacios naturales donde se alimentan o descansan.
 

SIN PASAPORTE
 

Las aves migratorias se guían con tres GPS naturales: los campos magnéticos, las estrellas y el Sol, que los orientan por tres grandes rutas aéreas. La primera de ellas es el corredor Atlántico, que las lleva de playa en playa por el este de Estados Unidos y las Antillas hasta que tocan tierras suramericanas en las Guayanas o en Venezuela. Las migratorias también acumulan millas saliendo del Ártico, atravesando las Montañas Rocosas en Estados Unidos y lanzándose por el medio del Caribe antes de llegar a Colombia, uno de los grandes hubs de aves en el mundo. El tercer trayecto sigue las costas del Pacífico por toda Centroamérica antes de aterrizar en Colombia o Ecuador. Hay también aves que abandonan la Patagonia en el invierno austral y que compran su pasaje hacia el norte de Suramérica, aunque estos viajes son menos estudiados.



Cerceta Aliazul (Anas Discors) vuela 8.000 kilómetros de Canadá y Estados Unidos a toda Suramérica.
 

Ese instinto nómada las convierte en animales excepcionales que no dependen de un solo ecosistema. Algunas viven parte del año en los robledales del noreste de Estados Unidos y el resto, en los bosques secos de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia. Otras pasan largas temporadas en las gélidas lagunas de la Patagonia, antes de alzar vuelo hacia los humedales en la Amazonía ecuatoriana. También hay algunos colibríes, tucanes y quetzales que se comportan como verdaderos ascensores, viajando entre pisos térmicos, de la selva al bosque de niebla, siguiéndole el rastro a alguna fruta o al néctar de las flores, mientras cumplen un rol esencial para dispersar semillas y polinizar. Otras especies se desplazan cientos de kilómetros a lo largo de un río, siguiendo los ciclos de inundaciones y haciendo un control de la población de peces.
 

Para resistir a estas travesías, todo vale. Los rapaces se desplazan en gigantescas bandadas, en las que decenas de miles de águilas, halcones y gavilanes se mezclan, y aprovechan las corrientes de aire caliente para planear y avanzar gastando un mínimo de energía. Otras especies, como las gallinetas de agua, las reinitas o los turpiales prefieren los viajes nocturnos, lo que les permite quedar por fuera del radar de los depredadores, esquivar la deshidratación y recargar el estómago de día. Hay aves como la reinita rayada (setophaga striata), un pájaro de apenas 14 centímetros y 12 gramos de peso que vuela hasta 3.000 kilómetros sobre el mar sin interrupción en tandas de más de 80 horas. Días antes de empacar sus maletas duplica su masa corporal y ya cuando despega se atrofia su sistema digestivo para ahorrar energía en el vuelo.



Jabirú (Jabiru Mycteria) Viajan cientos de kilómetros a lo largo de las cuencas que habitan en búsqueda de sitios de alimentación.
 

Pero esa movilidad es justamente su principal debilidad. Si ya es difícil conservar ecosistemas en las fronteras de un solo país, la tarea se vuelve mucho más compleja cuando es necesario articular esfuerzos a nivel internacional. Si bien existen convenciones y algunos programas trasfronterizos, la realidad es que la deforestación, la destrucción de los humedales, la expansión agrícola y la construcción en playas les quita espacios vitales de descanso y de alimentación a las aves migratorias. Los diferentes controles y reglamentaciones que hay en los países alrededor de los agroquímicos también tienen consecuencias sobre aves que a veces solo están de paso. Además, la urbanización, las luces y los edificios altos son obstáculos para estos trotamundos. Como dice Luis Germán Naranjo, “es importante que profundicemos el conocimiento que tenemos sobre las aves migratorias, pues enfrentan enormes desafíos. La migración animal es uno de los fenómenos más fascinantes de la naturaleza, roza casi con lo absurdo”.
 

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Aguila Cuaresmera (Buteo Platypterus) viaja 7.000 kilómetros entre Canadá y la Amazonía. En Colombia la llaman Águila cuaresmera porque llega en los primeros meses del año. Vuela de día, en grandes bandadas y usa las corrientes calientes para planear.
© Rodrigo Gaviria Obregón